¿Euforia acrítica?

12 11 2008

Judith Butler

11/Nov/2008

publicado en rebelion.org

texto original en angrywhitekid.blogs.com – traducción de Atenea Acevedo

Pocos somos inmunes a euforia que marca el momento. Mis amigos en la izquierda me escriben diciendo sentir algo muy parecido a la “redención” o que “el país ha vuelto a nosotros” o que “por fin tenemos a uno de los nuestros en la Casa Blanca”. Por supuesto, al igual que ellos, me descubro inundada de incredulidad y entusiasmo a lo largo del día, ya que saber que el régimen de George W. Bush se acabó es un gran alivio. Y pensar en Obama, un candidato negro reflexivo y progresista, significa dar un giro al terreno de la historia, y sentimos el cataclismo conforme su llegada abre una nueva brecha. Pero tratemos de pensar cuidadosamente en esa brecha de cambio, aunque aún es prematuro conocer del todo su topografía. La relevancia histórica de la elección de Barack Obama tiene vertientes todavía desconocidas, pero su elección no es ni puede ser una redención, y si suscribimos los acentuados caminos de identificación que propone (“todos estamos unidos”) o que proponemos (“es uno de los nuestros”) nos arriesgamos a creer que este momento político puede superar los antagonismos que constituyen la vida política, particularmente la vida política en estos tiempos. Siempre ha habido buenas razones para no abrazar la “unidad nacional” como ideal y para albergar sospechas ante la identificación absoluta y perfecta con cualquier líder político. Después de todo, el fascismo dependió, en parte, de esa identificación total con el líder y los republicanos participan del mismo tipo de campaña a fin de orquestar un efecto político cuando, por ejemplo, Elizabeth Dole se dirige a su público con estas palabras: “Los amo a todos y cada uno de ustedes”.

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