La lucha de Temacapulín contra las sinrazones del capital

2 04 2011

Sandra Estrada

–/abr/10

publicado en revistarebeldia.org

Como no se había visto desde la Conquista y la Colonia, el despojo de tierras
y el saqueo de los recursos naturales en México semeja un gigantesco
desfalco con coartada legal.
(SCI Marcos, Arriba y Abajo: la si tuación nacional mediando el 2007)

La disputa por el agua es una más de las batallas en esta guerra entre el arriba de los poderosos y el abajo y a la izquierda de la resistencia, guerra que se libra a diario en nuestro mundo y que nos toca de distintas  maneras.

En el Bajío mexicano, Guanajuato y Jalisco (aliados en la ultraderecha), proponen el proyecto de la presa El Zapotillo, un botón de muestra que nos permite ver cuáles son las opciones que desde el poder se gestan como oportunidades de acaparamiento de los recursos. Oportunidades, claro está, para los de arriba (empresarios, políticos), quienes buscan incrementar la acumulación del capital adueñándose también de territorios mediante el despojo, rueda que para caminar va de la mano del desprecio a las comunidades que tratan de desalojar y que se acompaña, a su vez, de la represión a quienes, desde que se anunció este proyecto, se han consolidado en la resistencia y defensa de su territorio: las y los dignos habitantes de Temacapulín.

En el campo mexicano, cada vez cobran más importancia las luchas campesinas contra la construcción de grandes presas, éstas deben entenderse en el contexto de la lucha de los pueblos por la defensa del agua y de los espacios de vida. El rastro de desplazamiento, deforestación y pérdida de biodiversidad que han dejado estos proyectos del capital ha generado la indignación y la rabia de pueblos campesinos por todo el mundo.

Incluso cuando el Banco Mundial recula por la gran presión ejercida por la comisión mundial de represas, el Estado mexicano y los grupos empresariales siguen la embestida. Se trata de compensar la política de desmantelamiento de presas en Estados Unidos con la instalación de presas en México y Centroamérica. En México, existe toda una nueva generación de presas en proyecto, que se ha ido topando con la lucha de los pueblos por defender sus espacios de vida.

I. La presa El Zapotillo

El proyecto de la presa El Zapotillo, que pretende “el aprovechamiento del cauce del Río Verde1” para abastecer de agua potable a los Altos de Jalisco y a la ciudad de León, Guanajuato, se generó como una primera idea desde 1941. Sin embargo, fue gracias a las oleadas neoliberales de los noventas que se fue afianzando.

En 1994, Zedillo firma un decreto reservando las aguas del Río Verde para el consumo humano y, en 1997, Fox (siendo gobernador de Guanajuato) promueve el primer acuerdo para distribuir el agua de la presa proyectada (El Zapotillo), reservando 120 millones de metros cúbicos para la ciudad de León.

El proyecto, que contempla tanto el embalse de la presa El Zapotillo como el Acueducto El Zapotillo- León, se publica como licitación, en el 2005, pretendiendo inundar las comunidades de Acasico y Palmarejo. Pero, en el 2007, se hace una modificación que desnuda aún más la desmedida ambición de los de arriba cuando de acumulación y ganancias se trata: la altura de la cortina para la presa proyectada pasa de 80 a 105 metros, lo que provocaría también la inundación de Temacapulín (4 mil 500 hectáreas, o sea, no sólo las casas y construcciones de los tres pueblos, sino también sus tierras de cultivo).

En estas localidades habitan alrededor de 700 personas, además de la población migrante, autodenominados
“hijos ausentes”, que mantienen sus lazos comunitarios hacia estas comunidades y que conforman un total de 3 mil personas aproximadamente2.

El sitio donde se pretende construir la presa El Zapotillo se encuentra en el estado de Jalisco, a diez kilómetros —de terracería— del municipio de Yahualica. La planta de bombeo se encuentra en el margen izquierdo del río, 200 metros arriba de la cortina, y, a partir de allí, se tiene proyectado el desarrollo del acueducto con una longitud aproximada de 135 kilómetros, hasta llegar a la planta potabilizadora en el municipio de León, Guanajuato.

Esta presa implicaría el trasvase de agua de la cuenca del río Santiago a la cuenca del río Lerma, lo cual traería impactos ambientales como la afectación de las aguas abajo de la presa y los mantos acuíferos de otros municipios, entre los que estarían Tepatitlán, Acatic y Zapotlanejo3.

Este proyecto confirma lo dicho por el Subcomandante Insurgente Marcos en “Tocar el verde. Ni el centro ni la periferia”: “Ya en otras ocasiones hemos señalado que el capitalismo, como tendencia dominante en las relaciones sociales, todo lo convierte en mercancías; que en su producción, circulación y consumo, la ganancia es el eje articulador de su lógica; y que el afán de ganancia busca también la “aparición” de nuevas mercancías, y la creación o apropiación de nuevos mercados”.

Aunque las cantidades totales no han sido dadas a conocer públicamente, se maneja un costo total estimado de 8 mil 10 millones de pesos, con una inversión privada del 30 por ciento por parte de la empresa que obtenga la licitación. Esto se ofrece como área de oportunidad para el sector privado, pues recuperarían la inversión mediante la concesión del cien por ciento de las ganancias para el uso, manejo y distribución del agua por 25 años4. Oportunidad, buena oportunidad para el saqueo, pues tanto la presa como el acueducto beneficiarían, en primer lugar, no a los habitantes de la zona —como lo anuncian las mentiras del mal gobierno—, sino a las empresas que inviertan en su construcción. Evidentemente, se trata de la transformación de un recurso vital en mercancía, es decir, de la privatización del agua.

II. Las sinrazones del capital

En todas las conferencias de prensa y en los medios al servicio del poder, se puede leer el mensaje con el que tratan de engañarnos: agua para León, Guadalajara y Los Altos de Jalisco, 2 millones y medio de beneficiarios. Incluso, ahora reconocen (siempre a medias, obviamente) la sobreexplotación de los mantos acuíferos y la crisis de abastecimiento de agua que se vive en la ciudad más grande del estado de Guanajuato. Lo que no dicen es que, del agua extraída del Valle de León, sólo el 9.8 por ciento se destina al consumo humano5, o sea que eso de que “el agua es para la gente” es una mentira más. Las verdaderas presiones por el previsible desabasto provienen de los industriales: la curtiduría requiere de agua en grandes cantidades.

Además, está el daño ecológico que va implícito en la construcción de una presa, al desaparecer los ecosistemas que había en esa zona, alterar los microclimas ante el cambio en el flujo del agua y obligar al desplazamiento de las comunidades, quienes obviamente no se verán beneficiadas (recordemos que tres poblados corren el riesgo de desaparecer por completo).

Por otro lado, están también las tierras en torno al río que, debido a esa misma cercanía (en éste como en la mayoría de los casos de construcción de presas), son tierras de cultivo muy fértiles, pero que, en los planes que desde el poder se arman, figuran como el lugar para una simple reubicación de las casas. Hablamos entonces de un despojo que no sólo desplaza, sino que quita a estas poblaciones sus medios de producción, que son los medios de vida: la tierra fértil.

Primer despropósito: la construcción de la presa

Los pueblos y comunidades afectadas forman parte de la región de los Altos de Jalisco, a 132 kilómetros al noreste de la Ciudad de Guadalajara, y están situadas en valles y cañadas. Es una zona en la que abundan las aguas termales y manantiales, paisajes hermosos, así como tierras de cultivo y ganadería que pretenden ser desaparecidas, así, arbitrariamente.

Siguiendo con este despropósito, las presas requieren inversiones millonarias que sólo son rentables unos pocos años (considerando la magnitud de las obras y lo que cuestan). En este caso, hablamos de una vida útil de entre 25 y 30 años. La intención del capital es pisotear e inundar un pueblo de más de 400 años de historia para tener agua en una presa sólo por 25 años.

El Río Verde, que forma parte de la subcuenca del Río Lerma-Chapala-Santiago-Pacífico, es un afluente que todo el año tiene agua, donde los pobladores solían pescar y que, hoy en día —a pesar de su contaminación—,
sigue siendo parte de la vida de los pequeños propietarios y pobladores de estas tierras, quienes usan el río para riego, para consumo humano y para la cría de animales.

Temacapulín es, además, un pueblo con mucha historia. Los primeros asentamientos indígenas datan del siglo VI de nuestra era. Sus habitantes originales eran parte de la tribu Tecuexe y, aún cuando la fecha oficial de conquista es en 1530, sus habitantes participaron activamente en la rebelión indígena de la nueva Galicia, conocida como la Guerra del Mixtón, todavía en 1541.

Temacapulín (conocido popularmente como Temaca) proviene de la palabra náhuatl Temacapollin o Temacapuli, cuya raíz proviene de Temaxcalli, que significa Baño de Vapor, pues ésta es, como decíamos, una zona de abundantes aguas termales.

En Temaca, también existe un templo cuya construcción data del siglo XVIII, además de muchas otras fincas de la misma época como las Casas Reales, que hoy ocupan la oficina del registro civil y otras dependencias del gobierno.

La respuesta de los dueños del poder al plantear la desaparición de Temacapulín da muestra de que en el proyecto Presa Zapotillo no sólo hay despojo sino también desprecio. Tenemos por ejemplo las declaraciones que hizo Emilio González (gobernador de Jalisco), en el 2008, a una comisión de habitantes de Temaca. El gobernador, haciendo gala de toda la soberbia posible, les dijo que se oponen al proyecto porque no tienen información, que él les va a construir unas casas “poca madre” en menos de tres meses, que todos se van a beneficiar de proyectos turísticos, que el templo de Los Remedios será removido piedra por piedra. Y en cuanto a las tierras de cultivo, les dice que “ya no es necesaria la tierra para sembrar, ahora se siembra sin tierra, en invernaderos”. El gobernador probablemente se estaba refiriendo a que la nueva organización productiva del campo ya no contempla campesinos ni propiedad colectiva de la tierra, sino que, para consolidar la subsunción del campo al capital, se requiere de la modernización de la fuerza de trabajo del campo mediada por el despojo.

O tenemos también las declaraciones de Raúl Antonio Iglesias Benítez, gerente regional del organismo Cuenca Lerma-Santiago-Pacífico de la Conagua que, en conferencia de prensa, a la pregunta de si tenía planteado un escenario B, en caso de que la oposición de los habitantes impidiera la construcción de la presa, respondió: “Yo tengo de escenario lo que es Arcediano y Zapotillo, nada más. Es decir, o se salen o se ahogan. Les vamos a comprar salvavidas y lanchas para que no se preocupen”. Un despojo tan brutal como cínico.

Segundo despropósito: el agua para León

León es una ciudad que, contra toda lógica, sigue basando el abastecimiento de agua en la explotación subterránea. En su voracidad, el capital no se detiene a pensar en las afectaciones que generarán sus proyectos, el desprecio se extiende al medio ambiente. Para extraer el agua, actualmente, se perfora a más de cien metros de profundidad cuando, hasta hace 20 años, se hacía sólo a 30 metros. Esto trae como consecuencia el detrimento en la calidad del agua, ya que extraída a esa profundidad contiene sales y minerales nocivos para la salud humana. Además, aquí la recarga de lluvias anual es de 264.3 millones de metros cúbicos contra una extracción de 312.5, lo que nos ubica en un panorama de sobreexplotación de los mantos acuíferos del Valle de León6.

La ciudad de León trae el agua desde pozos ubicados en municipios vecinos, catorce de ellos que, en 1990, se perforaron en San Francisco del Rincón, y otros más, incluyendo acueductos que desataron el conflicto con el municipio de Romita en el 2002, y que ya mencionaba el SCI Marcos en la “Séptima Estela”:

La lucha por el agua se está dando en muchos municipios, en algunos por su escasez y en otros, como en Romita, porque se la quitan a sus habitantes para negociarla con las Industrias como las embotelladoras de la Coca-Cola, la Pepsi y la Cervecería Corona. En junio del año pasado, en Romita fue desconocido el alcalde panista y la población creó un gobierno popular autónomo que, junto con el Consejo Ecológico del Acueducto Silao-Romita, protagonizaron una de las movilizaciones populares más importantes en Guanajuato. El saqueo del agua está dejando a Romita en peores condiciones de recursos acuíferos que a León, quien tiene reservas en mejor estado y no las explota. Los intereses de los gobiernos panistas municipales (Romita, León), estatal y Federal incluyen los intereses de los curtidores y zapateros, entre los que destacan los Medina Plascencia y botas Fox (SCI Marcos; “México, 2003. Otro Calendario, el de la Resistencia”).

Este panorama de sobreexplotación, despojo y saqueo a otras localidades no es la única constante en León, está también la contaminación de lo que llaman “fuentes de abastecimiento”. Es decir, de los ríos. Principalmente, el Río Turbio (uno de los más contaminados en el país), que recibe a diario los residuos de la industria de la curtiduría (sector de mayor producción en la ciudad) con más de 800 tenerías en la zona. Si bien se supone que existen leyes para la regulación del tratamiento de aguas industriales, muchas tenerías son responsables ellas mismas por ese tratamiento y esto, obviamente, no garantiza que se apliquen las medidas mínimas recomendadas. Esto adquiere mayores magnitudes si tomamos en cuenta que, en la industria de la curtiduría, para la producción de un metro cuadrado de cuero se utilizan alrededor de cinco kilos de sales, además del cromo y cloro que también se vierten en el agua7. El cromo en particular tiene efectos tóxicos para la flora y fauna acuática. En las cadenas alimenticias, el cromo se va acumulando desde el primer organismo que lo consume hasta el último en la cadena, de tal manera que el aprovechamiento de los recursos acuícolas para alimentación conlleva un grave riesgo para la salud humana.

Además, en León está establecida la empresa Química Central, una de las más contaminantes del país, que también abona una buena cuota a la contaminación del Río Turbio que ocasionó, como testimonio de ésta, la muerte de miles de patos canadienses en la Presa Silva hace algunos años.

Tenemos, entonces, que León no es sólo una ciudad que despoja a otras para traer el agua, además la contamina y no se preocupa por aprovechar la que proviene de la lluvia pues no cuenta con infraestructura para almacenarla. Pero eso sí, tiene ya un plan de obra para construir un tanque de almacenamiento para el momento en el que se reciba el agua de la presa El Zapotillo.

Y todo este despojo ¿para qué? o, mejor dicho, ¿para quién?

El despojo es una de las condiciones de la acumulación capitalista. Es una condición que permite que desde arriba (empresas y gobiernos) se apropien de lo que es de la gente de abajo: el territorio y el río de comunidades campesinas para llevar agua a los industriales de León. Esta dinámica de despojo constante va generando mayores índices de desigualdad, pues lleva a los despojados a la pauperización a un ritmo acelerado. No sólo al apoderarse de sus medios de producción y de vida (las tierras, el agua), sino al establecer nuevas relaciones sociales en las que, carentes de otras alternativas, los despojados tienen que vender su fuerza de trabajo como lo único que poseen.

Esto lo tienen muy claro los habitantes de Temaca, aquí la voz de uno de ellos: “Sembramos maíz, frijol, calabaza, pepino, alfalfa, cebada…. Se siembra chile de árbol, cacahuate, jícama. Nosotros vivimos con lo que producimos ahí. Y a donde nos quieren mandar ya no va a haber tierra. Al perder nuestras tierras productivas, vamos a tener que acudir a pedir limosna a las ciudades. Tendremos que acudir a pedir limosna a Guadalajara, a Tepatitlán, a León, Guanajuato. A estirar la mano a ver quién nos va a proporcionar la sobrevivencia. En el verano nos sostenemos con lo que producen las tierras, en el estiaje, la pesca del río. Y aparte está el camote del cerro que se produce de muy buena calidad, quienes acuden diariamente pueden cosechar 20 o 30 kilos”.

Y frente a toda la parafernalia de cuentos y promesas de ecoturismo, casas nuevas y más grandes, en respuesta a las mentiras de los poderosos, una vez más la dignidad y la claridad de los de abajo. Dice don Poncho, habitante de Temacapulín, quien lleva cinco años luchando contra la presa: “Además que, ahorita, no tenemos el problema de pedir permiso para pescar. Después, cuando ya la presa está hecha, la concesión se la dan a sus amigos y los pescadores no tienen acceso (…) ¡Que no nos engañen! Nos están prometiendo que sí nos van a dejar pescar, pero eso nunca ha sido cumplido. Y lo estamos viendo en las presas que han hecho como la del Valle de Guadalupe donde ya hay una presa y la concesión está para los amigos de los políticos. El despojo es general, nuestras casas, nuestras tierras…”

Son este tipo de resultados los que se obtienen a través del despojo y los que permiten acelerar los procesos de destrucción / despoblamiento y reconstrucción / reordenamiento del capitalismo en nuestra sociedad. Ya que impactan no sólo a los sectores despojados (obligándolos a incorporarse en condiciones de mayor vulnerabilidad a un empleo o empujándolos a la vorágine de las migraciones), sino también a quienes se benefician directa y materialmente de ese despojo, apoderándose de los recursos saqueados.

III. La resistencia y la dignidad

La aparente infalibilidad de la globalización choca con la terca desobediencia de la realidad. Al mismo tiempo que el neoliberalismo lleva adelante su guerra mundial, en todo el planeta se van formando grupos de inconformes, núcleos de rebeldes. El imperio de las bolsas financieras enfrenta la rebeldía de las bolsas de resistencia. (SCI Marcos. “Siete piezas sueltas del rompecabezas mundial”)

Y sin embargo, frente a toda esta sinrazón del capital, está la rabia de un puñado de habitantes. Rabia que ha consolidado su dignidad a partir de la organización colectiva, pues son un grupo que ha decidido enfrentar toda la maquinaria del poder con su resistencia y lucha cotidiana, desde que se enteraron que pretendían inundarlos, hace ya casi cinco años.

En este camino, han enfrentado el acoso, hostigamiento o, en el mejor de los casos, la indiferencia de las distintas autoridades de gobierno quienes —al menos en teoría (en una muy lejana)— debieran obedecer al pueblo. Así, han resistido frente a la CEAS (Comisión Estatal de Agua y Saneamiento de Jalisco), que los amenaza con la inminente reubicación y el desalojo forzoso; frente al gobernador de Jalisco, que propone la ridícula alternativa del ecoturismo cuando lo interpelan por la pérdida de sus tierras de cultivo; y así frente al resto de la clase política, que pone como argumento la falacia ya tan gastada de que ésta es la única opción, que no hay alternativas y que es una decisión ya tomada.

Ante este panorama, que pretende desalentarlos y desgastarlos, la gente sigue construyendo una bolsa de resistencia que, junto a otras (afectados por diferentes tipos de proyectos de presas como La Parota, en Guerrero, para el desarrollo inmobiliario turístico; Paso de la Reyna, en Oaxaca, para energía hidroeléctrica; Arcediano, en Jalisco, para el tratamiento de aguas negras y tóxicas, entre otras), está decidida a seguir defendiendo lo que para ellos no es una mercancía: sus tierras y el agua.

Su participación en el Primer Festival Mundial de la Digna Rabia, convocado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en diciembre del 2008 y enero del 2009, los ayudó a conocer y encontrarse con otras luchas y resistencias en México y el mundo.

¿Y la dignidad…?

Ésa sigue creciendo conforme se van llenando de experiencias, como dice otra vez don Poncho (uno de sus aguerridos habitantes): “Estamos decididos a no abandonar el pueblo, por lo histórico, por las raíces de nuestros ancestros, por conservar las tierras productivas que tenemos ahí”.

En el encuentro del Movimiento Mexicano de Afectados por las Presas y en Defensa de los Ríos (MAPDER) que se realizó en agosto del 2009, en el propio Temacapulín, manifestaron:

“Nuestras comunidades están siendo agredidas por estos proyectos que el gobierno busca imponer bajo el discurso de un desarrollo que nos excluye, pero que en realidad está basado en el despojo y el desplazamiento. Nuestra decisión como pueblos y asambleas es defender y luchar por todos los medios posibles por lo que es nuestro: la tierra, el agua y los recursos naturales”8.

Estos encuentros con otros y otras despojadas, pretenden seguirse haciendo, pues es a través de los mismos que van conociendo otras luchas y reconociendo lo que está más allá de los discursos oficiales. En octubre de este año, planean llevar a cabo en Temaca el Encuentro Internacional de Afectados por las Presas, lo que le dará mayor alcance a su palabra y acciones de resistencia.

Finalmente, al preguntarle a don Poncho por la clase política, después de la protesta y el encuentro con las autoridades de Guanajuato, que se reunieron en León para afirmar sus compromisos (firmaron el Acuerdo de Entendimiento para el Suministro, Entrega de Agua en Bloque y Garantía del Proyecto “Acueducto El Zapotillo-Los Altos de Jalisco-León, Guanajuato”), donde no esperaban encontrar resistencia alguna, mencionó: “El gobernador de Jalisco ha estado siempre a favor de la presa, no quiere saber nada del pueblo de Temaca y hoy —16 de marzo— el gobernador de Guanajuato y el presidente municipal de León nos dicen que para ellos el proyecto de la presa es muy necesario, porque va a beneficiar a 2 millones y medio de habitantes y que nosotros somos solamente una pequeña población de 200 habitantes, además de que nos dijeron que van a trasladar nuestra iglesia piedra por piedra. A mí me dio risa, escuchar eso…”

Epílogo

Si antes fueron el oro y la plata, ahora son el agua y la tierra las riquezas que se disputan los extranjeros. (SCI Marcos, Arriba y abajo: la si tuación nacional mediando el 2007)

Hoy, que estamos en el 2010, y para festejar el bicentenario de la Independencia, tan sonado en los medios masivos de comunicación… Una empresa de capital español (FCC Construcción), junto a otras dos propiedad de Carlos Hank Rhon (La Peninsular Compañía Constructora y Grupo Hermes) han ganado (aún cuando su presupuesto superó en un 40 por ciento al de sus competidores) la licitación para esta megaobra que, además de inundar tres históricos pueblos, va a quedarse con la concesión del agua del Río Verde. Paradojas de festejos y desmemorias.

Notas:
1. El Río Verde (cuya cuenca abarca más de 20 mil 500 kilómetros cuadrados) es uno de los más importantes del occidente mexicano. Nace en el estado de Zacatecas, fluye por Aguascalientes y los Altos de Jalisco (zona muy cercana a León, Guanajuato) y desemboca en el Río Santiago.

2. “Presa El Zapotillo. Irregularidades y contradicciones de un proyecto, dignidad y resistencia de las comunidades”. Imdec (Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario, AC).

3. Ídem.

4. Licitación Nº 16101037-063-08 CONAGUA para la construcción de la Presa el Zapotillo. 20 de noviembre de 2008. Citados por el Imdec.

5. Según datos de la propia Conagua, referidos en El Correo (periódico de circulación estatal) en la nota “Buscan alternativas para el abasto de agua”, del 18 de septiembre del 2009.

6. Datos obtenidos del documento “El agua en León”, editado por el Sistema de Agua Potable y Alcantarillado
(SAPAL). 2009.

7. Ronald Kruizenga, 2008. “Winners and Losers. An analysis of water conservation and appropriation strategies used by the city of León, Guanajuato”.

8. Declaración de los afectados y afectadas por las presas en México del VI encuentro nacional MAPDER, agosto del
2009.

 


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One response

2 04 2011
WWW.INFOCONTINENTAL.COM

Muy buen articulo, gracias. Debemos informar a la gente de lo que realmente está pasando en Europa. Si la verdad es censurada nuestro pueblo jamas despertará.

Saludos!!

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