Quince Tesis sobre la política del calentamiento global

14 02 2011

Mauricio Schoijet

publicado en marxismoecologico.blogspot.com

Tesis uno:

El calentamiento global es el problema más serio que enfrenta la humanidad, y probablemente lo seguirá siendo durante varios siglos. Debido al carácter no lineal del sistema climático, su reversión, si es posible, probablemente no nos regresaría a la situación actual sino a otra que no podemos prever.

Tesis dos:

La historia de la tecnología registra varios casos de sistemas tecnológicos en los que han aparecido efectos imprevistos de largo plazo que resultan sumamente peligrosos, como la llamada lluvia ácida, efectos de los plaguicidas, de la radioactividad, etc. El calentamiento global es el más peligroso.

Tesis tres:

La capacidad de atención y reflexión sobre las consecuencias negativas y peligrosas de algunas formas del desarrollo de las fuerzas productivas y destructivas (en el sentido de la tecnología militar) fue debilitada por la ideología del progreso, que incluía como elemento esencial la dominación de la naturaleza, formulada a comienzos del siglo XVII por los filósofos Francis Bacon y René Descartes, y cuyo éxito fue principalmente debido a los grandes avances en el desarrollo de éstas, y por el triunfalismo e irresponsabilidad de la burguesía y de las burocracias técnicas a su servicio.

La respuesta más vigorosa contra esta ideología fue el Malthusianismo Generalizado de Jay Forrester y los esposos Dennis y Donella Meadows (+), expresado en “Límites del crecimiento”, publicado en 1972. A diferencia de Malthus, que sólo veía la producción de alimentos como un límite al aumento de la población, el Malthusianismo Generalizado planteaba la existencia de otros límites, como el agotamiento de recursos no renovables y la contaminación ambiental. Aunque “Límites…” previó la posibilidad de una crisis ambiental global, que causaría una caída drástica de la población debido al aumento de la contaminación y escasez de alimentos, no consideró al CO2 como contaminante, ni al calentamiento global; tampoco el agotamiento de los recursos energéticos, ni la sobreexplotación y agotamiento de acuíferos. A pesar de ello, la evidencia del calentamiento global constituye la confirmación más contundente de la validez de sus hipótesis.

Tesis cuatro:

La investigación científica que utiliza modelos de computadora para investigar el futuro del clima, y las observaciones de glaciólogos, climatólogos y oceanógrafos, muestran que la teoría del calentamiento global, formulada por los científicos suecos Arvid Hogbom y Svante Arrhenius en 1894 y 1896, es  absolutamente sólida. Sin embargo pasaron seis décadas desde el momento en que fue enunciada hasta que Charles Keeling comenzó a hacer las primeras mediciones sistemáticas de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera (CO2), que mostraron que había aumentado considerablemente desde la época de la Revolución Industrial del siglo XVIII, y que seguía aumentando. El desarrollo posterior de la teoría sugiere que grandes áreas costeras, pobladas por centenares de millones, podrían ser inundadas por fusión de los hielos de Groenlandia y de la Antártida, y que podría darse una desertificación generalizada, que podría incluir a la Amazonia. Ello podría causar la extinción de la especie humana, sugerida por varios científicos a partir de 2004, como el climatólogo neozelandés Peter Barrett; el año siguiente por los estadounidenses Lee Kump, Alexander Pavlov y Michael Arthur (Kump, 2005); y por varios trabajos citados por Mark Lynas (Lynas, 2008); fue asimismo planteada por el paleontólogo Peter Ward, de la Universidad de Washington (Scientific American, 14i2010). Cabe mencionar que aunque Lynas rechaza explícitamente la posibilidad de extinción, se limita a una proposición puramente voluntarista, que no surge del análisis de los textos. El científico británico James Lovelock ha sugerido una restricción drástica de áreas habitables y cultivables (Lovelock, 2006). En una conferencia impartida en la ciudad de Seattle el 16vi2009 afirmó que la especie humana podría verse reducida a mil millones o menos, o sea la sexta parte de la población actual.

Aunque la ciencia ha avanzado enormemente en la comprensión del problema en las últimas décadas, su capacidad predictiva sigue siendo limitada, por las dificultades de comprensión de algunos aspectos, como el papel del vapor de agua y de los aerosoles, y también porque el sistema climático es un sistema no lineal formado por subsistemas no lineales acoplados, como la atmósfera, los continentes y los océanos, y los sistemas no lineales son notoriamente más difíciles de analizar que los lineales.

Tesis cinco:

Esta gran demora en la percepción de estos terribles peligros podría deberse a que esta teoría enfrentó uno de los más pesados obstáculos epistemológicos de la historia, la ideología del fijismo o persistencia y estabilidad de las estructuras del mundo natural, presente en forma implícita en el Génesis del Antiguo Testamento. Este fue también el caso de la teoría de Alfred Wegener de deriva de los continentes, que tardó medio siglo en ser aceptada, en circunstancias en que el fijismo ya había recibido varios golpes demoledores en el terreno científico. Esta demora pudo también haber sido influida por las normas y valores de las comunidades científicas, a su vez resultado de las ideologías y prácticas de la burguesía, que desvalorizan a la divulgación científica y tienden a desprestigiar a aquellos científicos que se comunican directamente con el público, en vez de participar en el confinamiento del conocimiento especializado, aunque este confinamiento pueda contribuir a desarmar a la humanidad frente a terribles peligros.

Tesis seis:

La formación en 1988 del Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC), organismo de las Naciones Unidas para el estudio del cambio climático, fue impulsada como medida defensiva de varios gobiernos para controlar a las comunidades científicas de los climatólogos, oceanógrafos, etc., en relación a este problema (Weart, 2003). Organismos oficiales estadounidenses como el National Ocean and Atmosphere Administration (NOAA) intentaron prohibir a sus científicos el contacto con la prensa y obligarlos a someter sus trabajos a la presidencia para que ésta permitiera su presentación en eventos científicos y reuniones públicas y, en un caso particular, el del prestigiado climatólogo James Hansen, se le prohibió hablar por la radio pública. Hubo asimismo casos de represión en Canadá y Australia. Los gobiernos tienen de hecho un poder de veto para impedir que ciudadanos que no les caen en gracia participen en el organismo. Gracias  a éste el gobierno del presidente George Bush logró la remoción de Robert Watson, un presidente del IPCC que resultó ser  insuficientemente plegable. Bush aplicó directamente la censura sobre documentos de organismos oficiales relacionados con la problemática ambiental. En el IPCC participan gobiernos de países de nula capacidad científica, pero con un interés sustancial en la continuación del modelo energético actual, como en el caso de Arabia Saudita, organismos empresariales, organismos ligados a las empresas de combustibles fósiles, como el Electric Power Research Institute, financiado por las empresas de la rama eléctrica que son grandes consumidoras de combustibles fósiles, en tanto que están ausentes las principales organizaciones ambientalistas. Parlamentarios estadounidenses conservadores ligados a la industria petrolera, y organizaciones conservadoras como la Heritage Foundation, intentaron desprestigiar al IPCC, porque el control sobre éste por los gobiernos no ha resultado todo lo eficiente que lo que algunos de éstos pretendían. Por otra parte está el papel deplorable de la Organización Meteorológica Mundial, que también depende de las Naciones Unidas, y que ha publicado por lo menos un documento en 2003, caracterizado por omisiones flagrantes acerca de las peores posibilidades, así como propuestas de medidas de dudosa efectividad.

Está en marcha una campaña deleznable encabezada por el Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki Moon, secundado por Harold Shapiro, ex presidente de la Universidad de Princeton y con el auspicio de un Inter-Academy Council, que pretende que el IPCC es un organismo desprestigiado y deslegitimado, y por ello intenta imponerle un control más estricto ( José Luis Lezama en Reforma del 25 de septiembre, p.10). El Inter-Academy Council, organización internacional que agrupa a 17 academias científicas del mundo, elaboró un Reporte que se planteó “llevar a cabo una revisión crítica del desempeño del IPCC”. Lo acusa de “no haberse actualizado en relación a los cambios que han ocurrido en el debate sobre cambio climático en los últimos veinte años”. Propone que debe buscar una mayor transparencia en la elaboración de informes periódicos como en la “selección de la información científica”, y “evitar la selección de alternativas políticas particulares, para los que no está autorizado”. También de no haber respondido adecuadamente a críticas sobre sus errores y plantea que debe “abrirse a perspectivas alternativas sobre el cambio climático”. Pide que “se establezca un comité ejecutivo que pueda incluir miembros de fuera de la comunidad científica, sin especificar los requisitos que deberían cumplir, para que se haga más estricto el proceso de revisión de los informes; “que se evite hacer proyecciones sobre el futuro del clima cuando no se cuenta con bases científicas suficientes”; y que se asegure que “las auténticas controversias existentes en la ciencia climática y las visiones alternativas sean tomadas en cuenta”(Lezama, 2010).

EL IPCC ha realizado un enorme trabajo de recopilación y análisis de datos y modelos, y la campaña que intenta desprestigiarlo utiliza para ello acusaciones sin fundamento y errores de menor cuantía, de los que se hizo eco una prensa supuestamente seria, que pretende ignorar que en el desarrollo de la ciencia puede haber errores. En algunos aspectos hay además considerables incertidumbres, por ejemplo en cuanto al papel del vapor de agua y de los aerosoles, por el carácter no lineal del sistema climático, y por la inexistencia de teoría acerca de algunos de los fenómenos físicos implicados en el problema, por ejemplo en el caso del deshielo de las grandes masas de hielo de Groenlandia y la Antártida, en el que operan fenómenos de agrietamiento y fricción entre masas de hielo. Pero el IPCC también ha cometido errores serios que contribuyeron a subestimar los peligros, por ejemplo la ausencia de mención a la saturación de la absorción de CO2 por los suelos, que tiene el potencial de acelerar el calentamiento global. En este sentido el citado Spencer Weart considera sus Reportes no como producto de la opinión mayoritaria de los climatólogos, sino “altamente condicionados y cautelosos, ciencia conservadora, del más bajo común denominador” (p. 161-162). El intento de reforma regresiva impulsado por Ban Ki Moon no tiene entonces relación con errores de este tipo, lo que buscar es mellar la capacidad del organismo de crear conciencia sobre las amenazas del calentamiento global. En relación a lo anterior vale la pena mencionar que la mayor parte de la prensa no ha informado, mucho menos comentado, sobre un acontecimiento sumamente inquietante, la liberación de metano, el segundo más poderoso gas de invernadero, del fondo del Océano Ártico, ocurrida en 2008, o sea casi un siglo antes de lo previsto por los más acelerados climatólogos y oceanógrafos.

Este documento citado de las Academias representa una continuación de otro publicado en 2007, y ambos son una forma de extralimitación de las cúpulas científicas, que no se tomaron la molestia de informarse sobre las opiniones de los miles de científicos que las integran. Además de estos pronunciamientos de las cúpulas científicas hubo otros de científicos individuales, de los que el más visible fue el físico estadounidense Frederick Seitz. Con respecto a la autoridad moral de las Academias, podemos suponer que representan cúpulas  que en varios casos han sido cooptadas por los gobiernos. En efecto, pocas organizaciones académicas, como la American Geophysical Union, organización que cuenta con 50000 miembros, han planteado posiciones correctas sobre el calentamiento global (declaraciones de la organización de 2003 y 2007), rechazando asimismo un pedido de documentos del Procurador General del estado de Virginia, parte de una sucia campaña contra el climatólogo Michael Mann, en tanto que otras, de mayor peso, fundamentalmente las mencionadas Academias, han planteado posiciones incorrectas. Una declaración de mayo de 2009 de las de Brasil, India, Sudáfrica, Canadá, Italia, Gran Bretaña, China, Japón, Estados Unidos, Francia, México, Alemania y Rusia, contiene concesiones absolutamente indebidas a las industrias de combustibles fósiles, y a los gobiernos de los países que son grandes productores y consumidores. Por ejemplo el apoyo al confinamiento del CO2, medida no probada, que resultaría sumamente costosa y cuya viabilidad requeriría ensayos de varias décadas; también apoyaron el uso de biocombustibles y gas natural, y a la energía nuclear. Los biocombustibles tienen el potencial de reducir las áreas cultivables y con ello aumentar el precio de los alimentos y la pobreza, y además su elaboración requiere de grandes insumos de agua y energía; el gas natural también produce CO2, y se ha desarrollado un nuevo método de explotación que presenta el peligro de contaminación de los mantos acuíferos por inyección de soluciones que contienen compuestos tóxicos. Con esta acción desafortunada las Academias ponen su prestigio al servicio de políticas que representan el más grave peligro para la humanidad. El aspecto de la toma de decisiones por organismos como las Academias ha sido hasta ahora poco estudiado por la política y sociología de la ciencia. En este caso aparentemente no hay ninguna información acerca de que los miembros de éstas hayan sido consultado, y en el caso de México puedo afirmar que no lo han sido. La principal responsable de esta aberración fue la profesora Rosaura Ruiz, en ese momento presidenta de la Academia Mexicana de Ciencias.

Cabe asimismo mencionar que en septiembre de 2010 la mencionada AGU rechazó la iniciativa del Inter-Academy Council respecto a la posible reforma del IPCC

Lo que resulta particularmente irónico es que en julio de 2009 los organismos legislativos estadounidenses aprobaron la cancelación del proyecto de un depósito definitivo de desechos nucleares en Yucca Mountain, estado de Nevada, medida que ya había sido planteada en la campaña electoral del presidente Obama. Este proyecto había sido iniciado veinticinco años antes, y se habían invertido en él 13 mil millones de dólares. Obviamente su cancelación representa un gran revés para la energía nuclear. Cabe preguntar si en mayo del mismo año los honorables dirigentes de las Academias no estaban conscientes acerca de la inminencia de este acontecimiento, o si sí lo estaban pero lo consideraban un evento de poca importancia, en cuyo caso se  puede creer en su absoluta inconsciencia.

Tesis siete:

Esta campaña color café –opuesto a verde—en que el señor Ban Ki Moon hace el papel de mascarón de proa, tiene antecedentes en varias otras que se produjeron desde la década de 1960, en todos los casos generadas en Estados Unidos, aunque tuvieron efecto en otros países. La primera fue la desatada por la industria química, con el apoyo de organismos manipulados por ésta, como una Asociación de Químicos de la Industria Manufacturera, contra la bióloga Rachel Carson, que denunció los efectos nocivos para la salud humana y el ambiente de los plaguicidas organoclorados, como el DDT. La segunda fue la campaña histérica de dirigentes políticos y empresariales estadounidenses y alemanes, con participación de algunos científicos y de ideólogos del “socialismo realmente existente”y del populismo latinoamericano, como Amílcar Herrera y Oscar Varsavsky, contra el mencionado libro “Límites del crecimiento”. La tercera fue la de las compañías tabacaleras contra las denuncias sobre los daños a la salud que causa el tabaco. La cuarta fue la campaña del Atomic Industrial Forum, organismo de frente del oligopolio de la industria nuclear, contra los que denunciaban sus peligros y problemas probablemente insolubles como el de los desechos. La actual es simultánea con la tentativa de revivir la industria nuclear.

En varios casos han sido los mismos personajes y organizaciones que han participado en más de una de estas campañas. Uno de éstos fue el mencionado científico Frederick Seitz, cuyo prestigio se basa en trabajos publicados antes de 1941. Después de la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial se incorporó, como muchos otros científicos, a la investigación militar, pero a diferencia de la mayoría de éstos, que regresaron a la vida civil una vez terminada la guerra, permaneció en el aparato burocrático militar, en el que se distinguió por su belicismo. Cabe mencionar que Seitz fue presidente de la National Academy of Sciences en circunstancias en que hacía décadas en que no era un participante activo en la investigación científica.  Las empresas tabacaleras le pagaron 700000 dólares por su participación en una campaña falaz destinada a engañar a la opinión pública. En la década de 1990 publicó textos que negaban la realidad del calentamiento global en el Wall Street Journal.

Tesis ocho:

Dos de los más importantes descubrimiento científicos de la historia se han producido en los últimos cincuenta años. El primero fue el descubrimiento de los supervolcanes, que a diferencia de los volcanes ya conocidos, que son capaces de devastar áreas relativamente limitadas, pueden tener efectos sobre un continente o más de uno. El segundo es el del acontecimiento más traumático en la historia, que llevó a nuestra especie al borde de la extinción, la erupción hace 72000 años de un supervolcán localizado en la isla de Sumatra, Indonesia, que habría reducido el número de humanos a no más de 2000, dato establecido por procedimientos de la genética.

El desconocimiento de estos hechos por la enorme mayoría de la población, su confinamiento dentro del ámbito de los investigadores en ciencias de la tierra, no puede ser casual, y es fundamental para la sociología y política de la ciencia. Sugiero que se debe a la influencia, no por difusa menos efectiva, de las políticas e ideologías  de la burguesía, que teme y odia la difusión de noticias sobre desastres, tanto naturales como sociales, ya que la inseguridad podría representar un obstáculo para la acumulación de capital.

Tesis nueve:

Para el deshielo de la Antártida y Groenlandia, que se produciría no por efectos directos del aumento de temperatura, sino a través de los mencionados fenómenos de agrietamiento y deslizamiento de unas capas de hielo sobre otras, en que el agua juega el papel de lubricante, o de éstas sobre superficies rocosas, no hay ninguna capacidad predictiva sobre el aumento del nivel del mar, sólo un límite superior, de unos 70 metros, y datos paleoclimatológicos de calentamientos globales ocurridos hace millones de años. Además existe una demora entre el aumento de gases de invernadero en la atmósfera, que producen este calentamiento, y sus efectos, debido a que los mares no están en equilibrio térmico con la atmósfera, y éste puede tardar un milenio. Ello implica que aun si se aplicaran las políticas más drásticas para frenar las emisiones de los gases que contribuyen al calentamiento global, también llamados gases de invernadero, ello no necesariamente garantizaría que los efectos del calentamiento global pudieran ser frenados o revertidos, luego es imposible garantizar la supervivencia de la especie humana o la permanencia de suficientes áreas habitables y cultivables. Otro factor que podría influir sería el insuficiente conocimiento de algunos ecosistemas marinos. Serían particularmente afectadas las áreas costeras o de poca elevación sobre el nivel del mar, como gran parte de Bangla Desh, y los pequeños países isleños del Caribe, Indico y Pacífico, y varias grandes ciudades costeras, como Londres, Nueva York, New Orleans, Shanghai y Mumbai. Existe además la posibilidad de que se liberen en la atmósfera grandes cantidades de metano que se encuentra en el permafrost, tierra congelada que cubre diez millones de kilómetros cuadrados en áreas de Siberia, norte de Rusia, países escandinavos, Groenlandia, Canadá y Alaska; y de los llamados clatratos, compuestos moleculares de agua y metano, que se encuentran en varias áreas marinas. En tanto que sabemos cómo frenar las emisiones de CO2, aunque ello resulta muy difícil por causas políticas, no tenemos ningún medio para frenar las de metano. La mezcla de metano con aire podría resultar en devastadoras explosiones sobre grandes áreas.

Dado que no puede haber causa más grande ni más noble que la supervivencia de la especie, y dado el tamaño de las incertidumbres, el problema adquiere una inevitable dimensión ética, o sea que justifica ampliamente la adopción de las medidas más drásticas y costosas, básicamente la reducción en el menor tiempo posible del uso de los combustibles fósiles, y una restricción drástica, mediante la aplicación del racionamiento de gasolina, del uso del automóvil, que deberá ser sustituido por el transporte público, que consume menos combustible por pasajero-kilómetro transportado, luego genera menos CO2..

Tesis diez:

La necesidad de reducir las emisiones de gases de invernadero, comenzando por el CO2, es por ello un reclamo de toda la humanidad, y sólo algunos grupos empresariales lo rechazan abiertamente, como los industriales regiomontanos en México, que regañaron al presidente Felipe Calderón por haber asumido altas metas de reducción de emisiones, ya que necesitaban “seguir emitiendo para que sus industrias ganaran mucho dinero” (Reforma, 30ix2010, p. 13), posición que fue apoyada por el editorialista Manuel J.Jáuregui, quien en defensa de los mencionados llegó al disparate de escribir que para México “-actualmente- el tema de las emisiones de carbón es IRRELEVANTE” (sí lectoras, con mayúsculas, Reforma, 1X2010, p. 10). Las opiniones mencionadas son probablemente representativas de las de la burguesía, porque aparentemente nadie que pueda ser identificado como vocero o ideólogo de ésta se ha expresado en sentido contrario. La mayoría de los gobiernos no sólo que no han hecho nada para frenar las emisiones sino que han permitido el crecimiento acelerado de éstas. Ello se debe a que, en tanto que la reducción de los gases de invernadero favorecería las perspectivas de supervivencia de la humanidad, perjudicaría a muchos países, que experimentarían una gran desvalorización del capital de sus industrias de producción, procesamiento y transporte de combustibles fósiles, y de aquellos que son grandes consumidores y requerirían de grandes inversiones para sustituirlos. En particular el núcleo duro de la oposición a medidas efectivas de control del calentamiento global está formado por un grupo de quince o veinte países,  grandes productores, consumidores y exportadores de combustibles fósiles, y un país que tiene la esperanza de convertirse en gran productor y exportador (Brasil). No sólo serían perjudicados estos países en su posición dentro de una jerarquía internacional de poder, sino que algunos perderían su más importante y casi única fuente de ingresos, lo que también perjudicaría a considerables sectores del proletariado, no sólo de las industrias mencionadas, sino por ejemplo de la industria automovilística. Aunque hay sectores de la burguesía que podrían ser duramente perjudicados, como las compañías de seguros, y otros que podrían ser favorecidos, como los productores de equipo para energías renovables, en su mayoría son sectores marginales dentro de la clase, por lo que hasta ahora no han podido articular una política contraria a los intereses de los sectores dominantes. Cabe mencionar que General Electric y Siemens, que se encuentran entre las mayores empresas que producen equipos para la industria eléctrica, también los producen para la generación de energía eólica. La primera produjo quince mil unidades de generadores de 1.5 megavatios, y está en tercer lugar a nivel mundial en ventas de éstos para el año 2009 (Rodríguez, 2010 e internet). Pero se puede suponer que dado el pequeño tamaño de este sector respecto a la generación que utiliza combustibles fósiles, sigue siendo marginal dentro de los negocios de estas empresas.

Si la respuesta a la publicación de “Límites del crecimiento” fue la histeria de algunos dirigentes políticos y empresariales, en la situación actual, en que se concreta una amenaza totalmente coherente con la visión de “Límites…”, la respuesta es el silencio, más la organización del confusionismo impulsado por organismos de frente de las empresas de combustibles fósiles; la represión, sobre todo por parte de organismos oficiales estadounidenses, y algunas reformas cosméticas que pretenden dejar intactos los ejes tecnológicos del modelo de producción de energía y del transporte. La burguesía no tiene ni puede tener una política efectiva para confrontar al cambio climático, y nunca ha estado tan arrinconada y falta de opciones, nunca han estado su irresponsabilidad y triunfalismo tan visibles ni han sido mayores las posibilidades de un cambio drástico en su contra dentro de la correlación de fuerzas de clase a nivel mundial.

Tesis once:

Hay varias señales que indican que algunos gobiernos no tienen intenciones de modificar su modelo energético basado en el petróleo. Cabe mencionar las aceleradas reclamaciones de soberanía sobre el Océano Ártico por los países costeros, que suponen la existencia de grandes reservas bajo las aguas: Estados Unidos, Canadá, Islandia, Dinamarca, Noruega y Rusia (Gamble, 2009). Otro es el convenio publicado en septiembre de 2010, entre Venezuela y China, por el cual el segundo país le da un crédito de  20 mil millones de dólares para financiar proyectos de desarrollo, que serán pagados con la venta de petróleo crudo, 200000 barriles en 2010, 300000 en 2012, a sumarse a los 500000 ya enviados en 2009, más 400000 que producirá una empresa mixta binacional, más los citados 300000, con lo que el monto total exportado a China igualará al exportado a Estados Unidos, o sea 85% de la producción petrolera venezolana irá a este país (Zibechi, 2010). Cabe agregar que Venezuela ha firmado un convenio similar con Belarús. Parece evidente que ni Venezuela ni China temen que el agotamiento del recurso, o convenios internacionales sobre calentamiento global, podrían afectar estas exportaciones en los próximos veinte años.

Tesis Doce:

Un aspecto revelador de la insensibilidad criminal de todos los gobiernos fue la absoluta falta de respuesta en la reunión de Copenhague, a fines del 2009, al pedido de representantes de los pequeños países isleños del Caribe, Indico y Pacífico, de fijar una meta de reducción de emisiones para que las temperaturas promedio no aumentaran más que 1.5 °C, para evitar que el aumento del nivel del mar los haga desaparecer, creando con ello millones de refugiados.

Pero además en Copenhague hubo otro aspecto importante, en que el acuerdo de que las temperaturas no debían aumentar más de 2 °C ocultaba el hecho de que no hay certidumbre sobre la relación entre aumento de la concentración de gases de invernadero en la atmósfera y el aumento de temperaturas promedio, ya que se trata de teorías no probadas y además de efectos demorados. Cabe preguntarse si los honorables representantes de los países que concurrieron a la reunión ignoraban esta incertidumbre o fingían ignorarla. En todo caso la admisión de ignorancia podría haber tenido el efecto de alertar a millones sobre la peligrosidad de la situación, mientras que el evitar cualquier alusión al tema pudo haber contribuido a la falsa percepción de que no había problemas de principio en la cuestión de frenar el calentamiento global, o sea que la situación era susceptible de ser controlada.

Tesis Trece:

Existe la posibilidad de aplicar medidas de bajo costo y factibles de ser implementadas a corto plazo para disminuir significativamente las emisiones de CO2 y de partículas de invernadero (hollín), que es un aerosol que contribuye al calentamiento global. La instalación masiva de calentadores solares de agua, por ejemplo en Israel, país en que el 85% de las residencias los tienen, permite ahorrar el 3% de la energía total consumida; en 2006 España aprobó una ley similar a la de Israel, que obliga a instalarlos en cualquier residencia nueva.

El hollín es generado por quema de leña y motores diesel, en el primer caso por los campesinos y pobres urbanos de países menos desarrollados, como Guatemala, México, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Perú y Brasil; países de Africa, como Zambia, Angola y Zimbabwe; y asiáticos como India, China, Bangla Desh, Myanmar, Kampuchea, Irán, Tailandia, Corea del Sur y Vietnam. El hollín también es generado por la quema de biomasa y bosques, para el tipo de agricultura practicado por muchas comunidades indígenas en México y Centroamérica. El descubrimiento de que las partículas de hollín contribuyen al calentamiento global fue resultado de investigaciones realizadas desde el año 2003 por varios grupos estadounidenses, de los que el más conocido es el dirigido por V.Ramanathan, del Instituto Scripps de Oceanografía de San Diego. Según éste el hollín causaría 400000 muertes anuales en la India, y además sería responsable de la mayor contribución al deshielo del Ártico y al de los glaciares del Himalaya, al disminuir la reflectividad del hielo. En México se ha estimado que sería la primera causa de muerte en niños menores a cinco años. La contribución del hollín al calentamiento global sería del mismo orden de magnitud que la del metano, hasta ahora considerado el segundo gas de invernadero (Ramanathan, 2008). Cabe mencionar que no hay acuerdo entre los investigadores sobre la contribución del metano, y que la caracterización del efecto de las partículas de hollín introduce una nueva dimensión en el problema, en cuanto a la posible interacción entre éstas y el gas.

El reemplazo de los ineficientes fogones de barro en que se quema la leña por fogones mejorados y cocinas solares representaría una significativa mejora en la calidad de vida de centenares de millones de campesinos, particularmente de mujeres y niños que se pasan horas buscando leña y que son víctimas de enfermedades pulmonares debido a su combustión incompleta. Los filtros para escapes de motores diesel tienen un costo al alcance de cualquiera que tiene suficiente dinero para poseer un automóvil.

Debido a las incertidumbres mencionadas es difícil estimar el efecto de la introducción masiva de calentadores solares en los países en que hay suficiente insolación, y también lo es la del efecto que podrían tener las medidas de control de partículas de hollín, pero podríamos sugerir una estimación con un cierto margen de incertidumbre, en el rango del 10 al 15%.

Si estas medidas ni se discuten ni se toman, considerando además que el problema de las partículas también es un problema de salud pública, es porque su aplicación no solamente tendría efectos materiales, también tendrían el potencial de aumentar la conciencia ambiental de grandes masas atrasadas y marginadas.

Tesis Catorce:

Es sabido que el presidente de Venezuela Hugo Chávez proclama un “socialismo bolivariano” o “socialismo para el  siglo XXI”, cuyo perfil no está demasiado bien definido. No me interesa discutir en este texto los aspectos positivos de la política de Chávez, tales como su resistencia al imperialismo estadounidense y contra los sectores conservadores de su país, o los cambios en la situación de las masas trabajadoras. Pero sí quiero señalar que hay un aspecto del socialismo que debería ser tan válido en el siglo XXI como lo fue en el XIX, es decir el internacionalismo proletario, o si se prefiere generalizar un internacionalismo de toda la humanidad. Seguir produciendo, consumiendo y exportando petróleo u otro combustible fósil en el momento en que el calentamiento global es el mayor problema de la humanidad equivale a beneficiarse con la desgracia ajena, que terminará por ser la propia, o sea es antagónico a este internacionalismo, y lo mismo es aplicable a Bolivia, que es un exportador de gas, y al gobierno y a todos los partidos políticos mexicanos, que no dijeron una sola palabra sobre el calentamiento global durante el debate sobre reforma energética del 2009, cuyo punto central era cómo extraer más petróleo. Es comprensible, especialmente para el caso de Venezuela, en que la exportación petrolera ha sido y sigue siendo el eje de su economía, que no sería fácil ni barato, ni serían obvios los caminos para dejar de ser un país petrolero, y que este objetivo no podría ser alcanzado de inmediato. Pero la política de los que toman el problema con la seriedad que merece, que necesariamente debe llegar a ser la de toda la humanidad, si es que se desarrolla un gran movimiento de masas a nivel mundial para salvarnos de los horrores que nos amenazan, tiene como eje central la reducción drástica en el menor tiempo posible de la producción de combustibles fósiles.

Es por ello imposible confiar en los gobiernos, o en organismos internacionales para frenar el calentamiento global. Sólo la formación de partidos políticos o grandes movimientos de masas, preparados para imponer medidas como boicots comerciales, y en última instancia contribuir al derrocamiento, por los medios que sean necesarios de los gobiernos de mayor peso a nivel internacional que se oponen a la aplicación de las medidas ya mencionadas, podría tener posibilidades de imponer estas limitaciones.

Este tipo de medidas sólo podrían llevarlas a cabo partidos o movimientos que hoy no existen, o apenas si existen en forma embrionaria. El fundador del ecosocialismo fue el socialista inglés William Morris, quien planteó en 1890 que al proletariado no le bastaría tomar el poder y el control del sistema de fuerzas productivas existente, sino que debería poder decidir qué se produce, cómo se produce y cómo se distribuye. Por supuesto que en la actualidad ello incluiría necesariamente los medios de transporte.

En tanto que los teóricos del socialismo vieron la posibilidad de la dictadura del proletariado en función de constituir a éste como clase dominante, y aplastar la resistencia de la burguesía a la expropiación de sus medios de producción, es concebible una dictadura del proletariado que tenga objetivos más limitados. En otras palabras, la salvación de la humanidad debe tener prioridad sobre la necesidad del cambio  de las relaciones sociales. Por ello el objetivo central no sería la liquidación del capitalismo sino la aplicación de restricciones drásticas sobre lo que se produce y cómo se produce, y sobre los medios de transporte. Ello podría implicar grandes pérdidas para determinados sectores del capital. Por supuesto que ello no podría lograrse sin un cambio importante en las relaciones de fuerzas entre las clases, pero la tarea prioritaria es asegurar la supervivencia de la humanidad, si es posible sin que se produzca un gran retroceso. Una vez logrado este objetivo, si es que se logra, no sabemos en cuanto tiempo, se podría avanzar hacia la liquidación del capitalismo.

A primera vista parece muy improbable que movimientos que se encuentran en una etapa embrionaria pudieran lograr objetivos de semejante tamaño. Pero hay factores que juegan a su favor. Si comparamos la situación mundial actual con la de 1989, cuando se derrumbó el “socialismo realmente existente”, lo que llevó a algunos acelerados ideólogos del capitalismo a asegurar su eterna supervivencia, no tenemos razones para creer que está más fuerte que en ese entonces. Hechos tales como el derrocamiento por movimientos de masas de gobiernos electos, como ocurrió en Argentina en 2001 y en Bolivia en 2003, y que reflejan un universal desprestigio de la democracia representativa; el empantanamiento de los intentos de convertir a países como Irak y Afganistán en semicolonias de la superpotencia, y la declinación de la hegemonía de ésta; las grandes movilizaciones de millones de proletarios en Grecia desde marzo del 2010, en España y Francia en septiembre y octubre; y el gran éxito, del 20% de los votos, de Marina Silva, candidata del Partido Verde brasileño en la elección del 3 de octubre, son elocuentes señales del resurgimiento del movimiento obrero contra las políticas neoliberales y del auge de los movimientos ambientalistas.

Por supuesto que sería una ilusión creer que un cambio de este tipo podría lograrse sólo a través de la aplicación de medidas coercitivas. Sería necesaria también la liquidación de la ideología del progreso, y de su elemento más destructivo, la de dominación de la naturaleza. La humanidad no puede liberarse de esta amenaza mortal sin cambiarse drásticamente a sí misma, y un elemento central en este cambio es la transformación de sus relaciones con la naturaleza.

Tesis quince:

En 2009 los científicos Wassily y Alexei Nesterenko y Alexei Yablokov publicaron un libro en el que muestran, contra un fraudulento reporte elaborado por el Organismo Internacional de la Energía Atómica en complicidad con la Organización Mundial de la Salud, y de la burocracia nuclear post-soviética, que el número de muertes debido al accidente de Chernobyl está en el orden de un millón, en otras palabras que un reactor nuclear del tamaño del de Chernobyl no es menos peligroso que un arma nuclear. En este aspecto, las iniciativas de los presidentes de Venezuela Hugo Chávez, y del de Bolivia Hugo Morales, de los que el primero ya firmó un contrato con Rusia para construir una central nuclear y el segundo ha expresado una intención similar, resultan deleznables, porque se trata básicamente de medidas para subir en la jerarquía internacional de poder. Independientemente de los méritos que los citados pueden tener en varios aspectos, la búsqueda de medios para ascender en esta jerarquía es incompatible con el socialismo y con los intereses de los pueblos, y en el caso de Morales, se muestra como un hipócrita o por lo menos un inconsciente, ya que se la pasa hablando de la “madre tierra”, para terminar adoptando la tecnología más peligrosa y contaminante.

Frente a los peligros de la energía nuclear y del calentamiento global la humanidad tiene derecho a defenderse. Sugiero la convocatoria de un Tribunal Internacional de los Pueblos, siguiendo el modelo del Tribunal Russell, convocado en 1966 por los filósofos Bertrand Russell y Jean Paul Sartre, y que enjuició los crímenes de los imperialistas estadounidenses contra el pueblo de Vietnam; y posteriormente en 1974 y 1976 los de las dictaduras de Brasil y Chile.

Un Tribunal Internacional Para la Energía Nuclear y el Calentamiento Global debería enjuiciar a los gobiernos de Ucrania, Belarús y Rusia, al Organismo Internacional de la Energía Atómica y a la Organización Mundial de la Salud, por el gigantesco encubrimiento respecto al número de víctimas del accidente nuclear de Chernobyl. Debería asimismo enjuiciar a los gobiernos que son grandes productores, exportadores y consumidores de combustibles fósiles, como China, Estados Unidos, Rusia, India y Japón, y grandes exportadores como Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Arabes, Irak e Irán, que se niegan a cualquier acuerdo que implique la reducción de su uso; y a las grandes compañías de esta rama, como Exxon, y organismos conservadores que la hacen de frente de éstas, como la George Marshall Foundation, el Cato Institute, y el American Competitive Institute, principales responsables de la campaña de negación de la existencia del efecto invernadero y de calumnias contra los científicos que han investigado el tema y creado conciencia entre millones de las grandes amenazas que el modelo energético actual representa para la humanidad.

 

Referencias

Jesse Gamble “Arctic landgrab” en Scientific American Earth 3.0, vol. 19, no. 1, p. 58-63.

Lee Kump et al “Massive release of hydrogen sulfide to the ocean surface and atmosphere during intervals of oceanic anoxia” en Geology, vol. 33, no. 5, p. 397-400, mayo de 2005.

James Lovelock “The Vanishing Face of Gaia”

James    Lovelock “The Revenge of Gaia” (2006)

Mark Lynas “Six Degrees: Our Future on a Hotter Planet”, National Geographic, Washington (2008).

Wassily y Alexey Nesterenko y Alexei Yablokov “Chernobyl: Consequences for People and the Environment”, New York Academy of Sciences y Blackwell (2009).

V.Ramanathan, artículo en Nature Geoscience del 23iii2008.

Karla Rodríguez “Interesa a GE negocio eólico” en Reforma, sección Negocios, 4X2010, p. 7.

Spencer Weart “The discovery of global warming”, Harvard U.P., (2003), p. 161-162.

Mauricio Schoijet, México, DF, 31X2010


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7 05 2013
Theron

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