Mapas encontrados: macroproyectos y reubicaciones como territorios de disputa

30 08 2009

Alejandra Sosa López[1]

Carlos Hernández Babún[2]


1. ¿Vivir mejor? Ciudades Rurales Sustentables, ejemplo de los proyectos de desarrollo social en México

Vive Tabasco la “peor catástrofe” en 50 años fue el encabezado del periódico la Jornada el 1o de noviembre de 2007. Las imágenes eran impresionantes. Una ciudad entera bajo el agua, muy parecido todo a lo ocurrido en Nueva Orleáns en 2005. Los medios de comunicación informaban que la inundación la había producido el desbordamiento del río Grijalva, y que el desastre había alcanzado, además de a Villa Hermosa, a algunos municipios colindantes a Tabasco, principalmente los que pertenecían al estado de Chiapas.

Como siempre que ocurre un desastre de esta magnitud, el apoyo de la sociedad civil no se hizo esperar: rescatistas, alimentos y dinero llegaron al estado. Los ojos de la sociedad mexicana estaban puestos en el sureste del país, y las discusiones en torno al origen del desastre no fueron unitarias. Mientras algunos afirmaban que las inundaciones eran un desastre “natural”, producto del cambio climático, otros veían bajo las aguas del Grijalva una muestra de la corrupción del gobierno estatal.

Poco a poco fueron apareciendo las pruebas de la negligencia del estado. Los periodistas Enrique Méndez y Roberto Garduño dieron la noticia de que “Petróleos Mexicanos (PEMEX) informó a la Cámara de Diputados que, durante los gobiernos estatales de Roberto Madrazo y Manuel Andrade, transfirió a Tabasco mil 970 millones de pesos como donativos, en efectivo y en especie, para realizar obras de infraestructura y de protección contra inundaciones, así como construcción de vivienda para población que habita en zonas de alto riesgo y es susceptible de ser afectada por las lluvias […] Además, una investigación realizada por la Asociación Ecológica Santo Tomás, con sede en Villahermosa, reveló una serie de irregularidades detectadas por la Contraloría del estado en el ejercicio de esos recursos por parte de los gobiernos locales, entre éstas la más grave era que los pagos por obras no realizadas se sustentaron con copias simples de las facturas, y en muchos casos los montos fueron alterados con corrector líquido para incrementar sus costos”.[3]

Frente a tal escándalo, la clase política mexicana dio muestra de su sentido de “solidaridad” y “compromiso social”. Ejemplo de ello fue el comunicado enviado por el expresidente Vicente Fox y su esposa, en el que dicen “lamentan profundamente la desgracia natural que están viviendo nuestros hermanos”, e informan que por medio de la fundación Vamos México se entregaron a la Cruz Roja Mexicana 14 mil 551 cubre calzado (es decir, botas impermeables).

A menos que la millonaria organización presidida por Marta Sahagún se encontrará en una profunda crisis económica, la donación era una burla aberrante.

Además, según una crónica periodística de Fabiola Martínez, “en una reunión de evaluación, el gobernador de Tabasco, Andrés Granier Melo manifestó ante el Presidente que el manejo de la hidroeléctrica Peñitas ‘contribuyó enormemente a la desgracia’, y le pidió que, ‘de una vez por todas’, se echara a andar un plan hidráulico integral para la región, ‘no obras aisladas o inconclusas […][el gobernador dijo:] Presidente, le podrán decir cifras, pero aquí todos sabemos que cuando turbinan [la hidroeléctrica Peñitas], el río sube (…) Queremos que opere Peñitas y genere energía y riqueza a México, pero que podamos convivir con la presa’ […] Pero Calderón respondió: ‘el origen y la causa de esta catástrofe está precisamente en la enorme alteración climática que, se reconozca o no, se ha provocado […] Señor gobernador, yo le puedo asegurar que, independientemente de lo que haya ocurrido en el pasado, con gobiernos federales, locales o estatales de cualquier signo, esto es un tema independiente’”.[4]

La respuesta ante el desastre

En Chiapas, varias comunidades se inundaron y los caminos y carreteras sufrieron daños graves. El 4 de junio de 2007 se desgajó un cerro cercano a la comunidad Juan de Grijalva, que quedó sepultada. Muchos perecieron, y los sobrevivientes perdieron los pocos bienes que tenían. Este derrumbe produjo, además de la desaparición del pueblo, que quedara obstruido el caudal del río Grijalva. Como las lluvias continuaban, y el río podía desbordarse una vez más, se evacuaron a 33 pueblos cercanos —la mayoría zoques, aunque con presencia tzotzil y ch’ol— y se les llevó a campamentos temporales para luego trasladarlos a campamentos familiares y, finalmente, reubicarlos en lo que el gobierno denominó Ciudades Rurales Sustentables.

Ciudades rurales desde arriba

Según información del Instituto de Ciudades Rurales Sustentables, éstas están diseñadas “como un Política Pública de Desarrollo Regional para enfrentar la marginación y la pobreza y la alta dispersión poblacional. Es, además, una respuesta a la población afectada por los fenómenos naturales”.[5]

Según sus documentos, los objetivos son:

1. Combatir el binomio dispersión-marginación

2. Reducir la dispersión poblacional, la pobreza extrema y la marginación

3. Atender a la población afectada por fenómenos naturales

4. Favorecer la cohesión social, reducir los riesgos y proporcionar una mejor calidad de vida a los habitantes actuales y a los residentes futuros de las localidades

5. Generar crecimiento, inversiones, empleos de calidad y riqueza social[6]

Para que este proyecto se concluya, el gobierno de Chiapas cuenta con el apoyo de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) y del Fondo Nacional de Desastres, además del que provenga del Proyecto Mesoamérica (antes Plan Puebla Panamá), y de los múltiples inversionistas privados que apoyan la iniciativa: Fundación Azteca, Fomento Social Banamex, Fundación Teletón, Fundación Gonzalo Río Arronte, Instituto Carso de Salud, Fundación BBVA Bancomer, Grupo Maseca y Banorte, Farmacias del Ahorro, Cooperativa Cruz Azul, Fundación Telmex, Ecoblock Internacional, Empresa HOMEX, Fundación Unidos por Ellos, Brain Pop de México S.A. de C.V., Fundación Michou Mau, Pro Empleo, Fundación Kaluz, Natura y Ecosistemas Mexicanos A.C. y la Promotora de Desarrollos Estratégicos Integrales S.A. de C.V.[7]

Según Rodolfo Tuirán, subsecretario de Educación Superior de la SEP en 2008, “Estas ciudades, si bien se ubican en el escalón inferior del sistema urbano, configuran núcleos alrededor de los cuales gravitan las pequeñas localidades aledañas”, es decir, están planeadas para convertirse en grandes centros económicos. “El proyecto se sustenta en la idea de que la creación de las ciudades rurales podría contribuir a atraer y aglutinar a las poblaciones que habitan en las pequeñas comunidades aledañas y, por esta vía, reducir la marginación”.[8] Cabe destacar que algunas pequeñas comunidades aledañas son Bases de Apoyo Zapatistas.

Ciudades rurales desde abajo

Considerando que las CRS forman parte del Proyecto Mesoamérica, podemos deducir que, además de los argumentos vertidos por el gobierno estatal y federal respecto al carácter social de esta iniciativa, el carácter económico de ésta es fundamental. Aquí cabe mencionar el testimonio de algunas mujeres que habitan el campamento Emiliano Zapata (nombrado “Santa Ana” por el gobierno federal) en donde narran que luego de que la inundación pasó no pudieron regresar a ver sus tierras por que “estaban todas rodeadas de militares y había también gente de PEMEX que no dejaba pasar”. Y sí. En el trayecto de Tecpatán (donde se encuentra el campamento) a Nuevo Juan de Grijalva (la primera CRS piloto) se pueden ver máquinas perforadoras y letreros de PEMEX por todos lados.

Aunado a estas declaraciones, hay que mencionar que los poblados desalojados están dentro del Corredor Biológico Mesoamericano, con alto potencial turístico, que fue considerado por el exgobernador Roberto Albores Guillén como “el Cancún de Chiapas”. Además, varios pobladores del campamento creen que el desgajamiento del cerro de Juan de Grijalva fue ocasionado por una serie de explosiones que muchos dicen haber escuchado. Sean ciertas o falsas estas afirmaciones, nos dejan ver que hay desconfianza y descontento por el desalojo, y desnudan las aseveraciones del gobierno de Sabines respecto a que los habitantes de la zona, según la página de Internet del gobierno de Chiapas, “se muestran agradecidos” con las medidas tomadas por su gobierno.[9]

2. Los Macroproyectos como cartografías del poder

Geo-grafiar: acción de co-creación entre territorios, medios y sociedades

Carto-grafiar: acción de representar un territorio

Globalización de una epistemología provincial

En otro momento, cuando nuestro mundo aun no se cartografiaba por completo, sobre sus espacios y territorios se trazaban sistemas sociales con procesos varios, diversos y simultáneos, de distintas dimensiones y formas. Conformados por localidades con historias compartidas, algunos sistemas incluso se relacionaban con otros, por tiempos y por territorios a través de intercambios, convivencias, competencias y/o guerras. Siempre dinámicos, comprendían distintos ambientes, pueblos, culturas, sociedades; formas de producción y distribución de bienes y recursos; maneras de generación, ejercicio y socialización de conocimientos; modos de organización y estructura social.

De una provincia más dentro del sistema europeo, en su disputa por el control de rutas comerciales marítimas que le dieran ventaja sobre el resto de localidades de su mismo sistema y sobre el mundo islámico, surgió un proyecto esencialmente mercantil que se arriesgó a recorrer una ruta hacia su Oriente, a través de una zona que, según su cartografía en esa época, era lugar de abismos y seres no humanos. La empresa llegó a tierra, y con ella el exterminio y el saqueo. Algunos años después ese sistema europeo, a través de la España católica, se da cuenta de que ni la gente, ni las plantas, ni los animales, ni los minerales, ni el territorio que comenzaban a explotar eran parte de su Oriente, y que por tanto requería conocer, medir, calificar, clasificar, catalogar, discriminar, regular y controlar esa gran masa de tierra que les sobró.

El despojo de ese territorio de más, llamado América por los que hasta ese momento lo conocen, fue el soporte material y cultural por el cual una provincia más dentro de ese mapa de sistemas logra una ventaja por sobre las otras regiones. A partir de ese momento comienza a conformarse un sistema-mundo global, trazado con centros y periferias que tiene por punto de fuga a Europa y el Atlántico. Dios y la Iglesia católica sirvieron de lente para entender al continente de más que el mundo europeo encontró; fueron la justificación y las herramientas de colonización, despojo y saqueo, exterminio y coerción, clasificación racial, sexual y cultural de territorios y poblaciones. Fue por medio de la explotación económica de esa región del mundo, que apenas emergía en la cartografía europea, como se generaron las desproporcionadas riquezas que catalizaron el proceso revolucionario capitalista. Fueron la colonización de la gente, del medio, de los saberes, las tecnologías y las culturas, el sustento del gran mito que se pretende universal e inherente a toda sociedad humana llamado Modernidad. Es apartir de entonces que la epistemología moderna, producida en centros principalmente occidentales, ocupa el lugar y el papel que ese dios y su institución terrenal antes detentaban.

Por lo tanto la modernidad no es sólo un fenómeno intraeuropeo, pues los hechos que se identifican con ella son el resultado de un proceso de colonización económica, racial y epistémica global. Esta cara colonial de la modernidad/colonialidad, incómoda y oculta en el mega-relato moderno, es su esencia constitutiva. Esta colonización epistémica, trascendida en las ideas de desarrollo y progreso del mito moderno, son la base y el sostén del  actual sistema capitalista: los países desarrollados lo son por su alta cultura; los países en vías de desarrollo o subdesarrollados lo son debido a su atraso, por lo que su ascenso cultural es indispensable para su bienestar material. Por lo tanto, al norte y al sur geográficos que metafóricamente cartografían las relaciones de dominación/subordinación económico-políticas, podemos  sobreponer un norte y un sur epistémico que reafirman estas jerarquías.

Como parte esencial del entramado, la ciencia moderna y sus métodos, productos y medios del mega-relato de la Modernidad, juegan un papel importante para el actual sistema capitalista. Teniendo claro que no es el único uso de la ciencia y que no siempre se supedita a él, el capital la ha utilizado como herramienta de clasificación, control y explotación, así como para generar modos más eficaces de acumulación y de despojo. Por lo tanto la ciencia moderna y sus métodos, considerados como los únicos medios para la generación de conocimientos válidos, son convertidos por el capital en un elemento más de colonización que niega y desprecia todos los saberes locales no explotables.

Cartografías del sistema histórico capitalista

De acuerdo a sus necesidades e intereses, así como a las condiciones materiales y tecnológicas con que cuentan, los grupos de poder económico-político establecen históricamente la importancia de los espacios en función a la  localización que estos tienen en su representación de mapa mundial y a los recursos que estos ofrecen. Al tratarse de grupos no homogéneos en intensa competencia, despliegan un complejo entramado geopolítico sobre territorios y pueblos a través de intervenciones políticas, económicas, culturales y militares.

El capitalismo, como lógica imperante en el sistema-mundo global, dinámico y en constante expansión, ha requerido la reconfiguración de población y territorios para la mayor acumulación. Este reordenamiento constante establece sobre la faz del globo zonas especializadas de producción y comercialización de mercancías, así como zonas de acumulación de capital. Esto implica una división internacional y global del trabajo y de mercados en por lo menos dos planos: uno horizontal (que no por llamarle así pierde su esencia jerárquica), que reparte las labores y funciones entre regiones, territorios y países; y el segundo, que llamaremos vertical, mantiene el sistema social de clases dentro de cada uno de estos espacios. Ambos planos se trastocan y se interrelacionan a través de estructuras, rutas, flujos, nodos y redes económico-político-culturales que establecen y acentúan las desigualdades.

Esta división o especialización territorial-poblacional despoja, concentra y/o dispersa contingentes humanos y reconfigura los modos de producción y distribución locales en función a diseños globales del capital, alterando así las formas de reproducción material y subjetiva de los distintos pueblos y culturas. Por lo tanto el capital carto-grafía al sistema mundo-global en oposición a localidades en constante geo-grafía, intentando negarlas, ocultarlas, transformarlas o desaparecerlas.

Con esta visión histórica de larga duración trataremos de ver y posicionarnos ante un caso y región particular, a la que llamaremos el Gran Istmo, y que a grandes rasgos situaremos territorial y marítimamente entre el norte de la actual Colombia y el Istmo de Tehuantepec en México.

Genealogía del despojo: diseños globales sobre el Gran Istmo

Aun cuando la colonización del actualmente llamado continente americano representó para la España católica y los subsecuentes centros de poder europeos un sustento material y cultural importante, la ambición originaria de controlar las rutas de comercio con el —denominado por Europa— oriente, siguió impulsando viajes y expediciones en busca de la ruta más corta y con mejores condiciones para atravesar el territorio recién hallado. A partir de esa necesidad se inician una larga lista de proyectos e iniciativas que, aun cuando sus configuraciones están determinadas por las condiciones materiales, por el desarrollo tecnológico y por la geopolítica de la época, tienen por fin principal la articulación de la economía global a partir de la apertura de rutas e infraestructuras que unan los dos mares. Por lo tanto el control de la región ha sido por mucho tiempo de especial interés para la cartografía del sistema capitalista.

A la par de la colonización, las expediciones avanzaron primero por las costas del Mar del Norte, extendiéndose sobre tierra firme y culminando con el cruce realizado por Vasco Núñez de Balboa al llamado Mar del Sur (actualmente el océano Pacífico) a través de la región de Acla, perteneciente al actual territorio de Panamá. Este viaje representa el inicio de la búsqueda de potenciales rutas transístmicas a través de la combinación de pasos terrestres accesibles y flujos fluviales propicios para la navegación.

Refiriéndose a la posibilidad de establecer una ruta que comunicara el actual puerto de Coatzacoalcos con el golfo de Tehuantepec, en su cuarta Carta de Relación fechada en 1524, Hernán Cortes informa al Rey Carlos V que “siendo Dios Nuestro Señor muy servido que por allí se topase el dicho estrecho sería la navegación desde la Especería para estos reinos de Vuestra Majestad muy buena y muy breve, y tanto que sería las dos tercias partes menos que por donde agora se navega y sin ningún riesgo ni peligro de los navíos que fuesen y viniesen, porque irían siempre y vendrían por reinos y señoríos de Vuestra Majestad”.[10]

Entre 1527 y 1533 se reconoce el río Chagres como vía acuática propicia para el cruce continental, por lo que los primeros planes de construcción de un canal ahí, antecedentes del actual Canal de Panamá, se elaboraron entre 1533 y 1534.

El trazo de estos proyectos implicó la clasificación de los pueblos entre dóciles y guerreros, conversos y herejes, subordinados-productivos y subversivos-salvajes, con el fin de establecer asentamientos y reubicaciones que permitieran el mejor aprovechamiento de los recursos del territorio: un ejemplo claro es el sistema de encomiendas. Esto, además de provocar la diezma drástica de la población, inició un deterioro ambiental grave de consecuencias a corto plazo para las comunidades locales con repercusiones globales visibles hasta décadas recientes.

En épocas previas a los procesos de independencia en América, Alexander von Humboldt afirmó que la apertura de una ruta interoceánica “inmortalizaría al gobierno que así se ocupara de los verdaderos intereses del género humano”[11]. A lo largo de su expedición por América, el naturalista abogó por la construcción de un canal que lograra ese fin, para lo cual sugirió realizar nivelaciones “en el istmo de Coatzacoalcos, en el lago de Nicaragua, entre Cruces y Panamá, y entre Cupica y el río Naipe”[12] que permitieran establecer el mejor punto para llevarlo a cabo.

En el periodo de independencias se iniciaron varios estudios con la intención de consolidar esta ruta, la mayoría de ellos concesionados a capitales europeos y norteamericanos. Algunos de estos proyectos se realizaron en los territorios nicaragüenses de la federación centroamericana, así como en regiones panameñas a solicitud de Simón Bolívar. En el México imperial de Iturbide, Simón Tadeo Ortiz de Ayala llamó la atención sobre el istmo de Tehuantepec, el cual dijo es “demasiado conocido por el mundo mercantil, por estar indicado nada menos que para hacer cambiar la faz del comercio de la China y la India”. Lamentando su abandono, insistió en que el “negocio y proyecto de colonizar este istmo, de erigir y constituir una provincia y un gobierno local, desmembrando una parte de las provincias de Oaxaca y Chiapas, hasta los puertos de Tehuantepec, Guatulco y Tonalá, comenzando con abrir el famoso puerto de Coatzacoalcos; es empresa de tanta trascendencia que exige manifestarlo al gobierno (…) cuando trate de la división general de todo el imperio y sistema de su colonización”.[13]

Estos proyectos han servido de antecedentes, tanto a nivel teórico como en la creación de infraestructura y condiciones (puertos, ferrocarriles, rutas de transporte, asentamientos de paso, enclaves de extracción de recursos y producción de mercancías, relaciones de poder y estructuras de clases)  para hacer posible el cruce continental.

Es importante tener en cuenta que, en el proceso de independencia, las élites que abanderaron y configuraron los nuevos gobiernos latinoamericanos estuvieron fuertemente influenciadas por los movimientos revolucionarios de Europa y Estados Unidos. El interés por implantar y consolidar naciones bajo los referentes de progreso y modernización, en vez de garantizar los anhelos de libertad e igualdad que la independencia de las colonias representaba, significó de nuevo la negación y represión de las diversas formas culturales y epistémicas locales, así como el establecimiento de relaciones de organización social y territorial orientadas a su inserción en el proceso global capitalista.

Un centro-global emergente que cartografía al mundo

Los Estados Unidos, nodo de poder emergente en América, tuvo claro desde sus inicios la importancia de cartografiar y controlar territorios. Ante la amenaza de una intervención de las potencias europeas sobre los nuevos gobiernos independientes latinoamericanos, estableció con la Doctrina Monroe un antecedente sobre su posición con respecto los países a su sur: estos son de interés geoestratégico para Norteamérica en tanto garantía de recursos, rutas de comercio y zonas de control político-militar.

Teniendo como motor la lógica de acumulación de capital, este país se fue consolidando poco a poco como un referente mundial. Sin embargo durante el siglo XIX mantuvo una posición aislacionista con respecto a establecer alianzas o formar parte de bloques de países, así como a participar en el mercado internacional. Fue a finales de dicho siglo que las ideas de Alfred T. Mahan, oficial de la marina, marcaron un cambio en la política estadounidense. A lo largo de una serie de artículos publicados entre 1890 y 1897, el Capitán sostuvo que ante la expansión imperialista que se estaba dando en el mundo, liderado principalmente por potencias europeas, era necesario para su país lograr nuevos mercados, para lo cual requeriría participar en el reparto colonial del mundo a partir del poderío marítimo.

Los tratados geopolíticos de Mahan siguen siendo pilares de la política militar de los Estados Unidos. En ellos surgió el concepto de Hemisferio Occidental, que reconoce la importancia estratégica del archipiélago hawaiano para el control sobre el océano Pacífico, así como la necesidad del poderío sobre el Golfo de México, la región del caribe y del istmo centroamericano. En prácticamente todos sus escritos insistió en la necesidad de construir un canal interoceánico en Nicaragua o en Panamá que asegurara el transito comercial-mercantil entre sus costas y que garantizara el despliegue de sus flotas ante un peligro militar. Theodore Roosevelt, gran admirador del capitán, materializó este proyecto en 1903, con la ocupación de Panamá y la concesión del territorio por 100 años. En 1914, el mismo año en que Mahan muere, se terminó la construcción del canal de Panamá.

Cartografías temporales y despojo histórico

El Gran Istmo ha sido cartografiado bajo distintos nombres y con rasgos particulares, a través de proyectos de reordenamiento socio-espacial implementados sobre esta región. De este modo gran parte de las vías de transporte (ferrocarriles, carreteras, autopistas, puertos y aeropuertos), la infraestructura de generación y distribución de energía, los medios de comunicación, los complejos de explotación de recursos, industrialización y comercialización de productos, han tenido como origen la necesidad de apropiación de territorios para la expansión de la política económica y militar de potencias coloniales europeas y ahora de Estados Unidos, como parte del histórico sistema capitalista global.

El término de la concesión sobre el Canal de Panamá, las condiciones tecnológicas actuales y la concentración de recursos básicos como el agua, alimentos, minerales y maderas; de recursos energéticos como petróleo, viento, geotermia, ríos caudalosos y uranio; además de los recursos biológicos y la gran cantidad de animales y vegetales que conserva, hacen del Gran Istmo uno de los intereses claves para empresas turísticas, comerciales, industriales, de generación de energía, de bioprospección y bioinvestigación. Instancias internacionales como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, la Organización Mundial del Comercio, la OPEP, así como la misma ONU, sirven para la articulación de estos proyectos a través de apoyos y coerciones económicas que reafirman la división global en zonas especializadas, basados en estándares de desarrollo y de un supuesto crecimiento sustentable ilimitado.

La actual crisis del sistema capitalista y la disputa de los diferentes grupos de poder político-económico por convertirse en el centro de la nueva cartografía geopolítica global, vuelven vital la reapropiación y reconfiguración de esta zona, considerada junto con la Amazonia y el sureste asiático como los tres bancos biológicos y de reserva ambiental más importantes del mundo, por lo cual no es de extrañar la emergencia y rearticulación de megaproyectos sobre este territorio.

Lo que hasta aquí sostenemos es que es importante observar a los modelos particulares como fueron el Programa de Desarrollo Integral-Megaproyecto del Istmo, de Ernesto Zedillo; el Plan Puebla-Panamá, de Vicente Fox; el Proyecto Transístmico, de Andrés Manuel López Obrador; o el actualmente llamado Proyecto de Integración y Desarrollo de Mesoamérica o Proyecto Mesoamérica, junto con sus llamados corredores, ejes de integración, modelos de reubicación de comunidades y de reconversión productiva, teniendo claro que lo que trasciende a estas configuraciones temporales es la lógica de despojo, reconfiguración y explotación de territorios y poblaciones.

3. El Proyecto Mesoamérica

El Proyecto Mesoamérica es el último nombre que tomó el Plan Puebla Panamá. Éste fue lanzado en 2001 por Vicente Fox en coordinación con el Banco Interamericano de Desarrollo, y además de contar con el apoyo del Fondo Multilateral de Inversiones, el Inter-American Development Bank, y el Banco Centroamericano de Integración Económica. Según un estudio realizado por Japhy Wilson, de la Universidad de Manchester y uno de los pocos investigadores que ha prestado atención al proyecto de CRS, este plan “contempla un programa de desarrollo para el sureste de México y Centroamérica basado en megaproyectos infraestructurales de transporte, comunicaciones y energía que unifican la región en forma concreta, así complementando al TLCAN y al nuevo TLC de Centro América con Estados Unidos (CAFTA). Con estos megaproyectos, el PPP espera atraer inversión privada nacional y extranjera, impulsando un cambio en el modo de producción del campo Mesoamericano, desde una economía campesina todavía basada en gran parte en la propiedad social y la autosuficiencia, hacia un sistema neoliberal basado en la propiedad privada, mano de obra barata, plantaciones agroindustriales, la extracción de recursos naturales, y la promoción del ‘gran turismo’”.[14]

Considerando estas premisas de acción, cabría preguntar en donde caben los pueblos indígenas o por qué las CRS forman parte del Proyecto Mesoamérica. Por el momento podemos vislumbrar dos posibles respuestas: la primera sería que se intenta integrar a las comunidades que habiten las Ciudades Rurales Sustentables a los proyectos de ecoturismo, que son el fundamento del discurso de conservación ecológica que sostienen los inversionistas; la otra, es que aglutinando a las comunidades que, de manera dispersa, habitan la zona de la selva chiapaneca, se podrá tener el control de los territorios desalojados para ser explotados por el Estado o la inversión privada, que a estas alturas, están divididos por una línea muy delgada. Cualquiera de estas dos posibilidades deja ver la poca o nula importancia que tiene la cultura de los pueblos de Chiapas para estos proyectos, pues el Estado antepone el “progreso” y la “modernización” a la cosmovisión de las colectividades a las que dice representar, y convierte la cultura en usos y costumbres, que, para dar paso al desarrollo y a la modernidad, o en términos presidenciales, al vivir mejor, más vale transformarlos.

Contrasta de manera evidente el lugar que ocupa Chiapas como el estado más pobre de México, con el central que se le otorga en el Proyecto Mesoamérica, por ser un lugar en el que se concentra gran abundancia de agua, petróleo, uranio y, por supuesto, recursos humanos. Además, juega un papel clave por el conflicto armado que se sostiene con el EZLN, movimiento en el que se aglutinan —particularmente luego del lanzamiento de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y del surgimiento de La Otra Campaña— diferentes movimientos, organizaciones y pueblos que defienden los recursos naturales y el territorio, y que abiertamente se han declarado anticapitalistas, es decir, que le han declarado la guerra a los proyectos económicos planeados para la región.

Reubicaciones de la población y control social

El aglutinamiento de poblaciones no es un invento nuevo. Los ejemplos de reordenamiento poblacional y territorial son varios a través de la historia. Mariela Zunino y Miguel Pickard, sostienen que “recluir forzosamente a la población campesina es parte de una estrategia mucho más amplia de contrainsurgencia y pacificación”. Mencionan los ejemplos de “los ingleses en sus guerras en Malaya y en Kenia a principios de los años 50, los franceses en Argelia durante los 50 y 60, los estadounidenses en Vietnam en los 60 y 70, y con algunas variantes, en Irak durante la actual década, mediante el aislamiento y el acceso controlado de algunos barrios en la capital Bagdad”.[15]

En general, estos proyectos de reubicación han tenido lugar bajo el argumento del desarrollo económico y el mejoramiento del nivel de vida poblacional, que tienen como sustento la modernización y la transformación de vida campesina. Este argumento se engloba en la concepción general de que indígena es igual a campesino y a pobre, pues el modo en que viven y reproducen su cultura poco o nada tiene que ver con la forma en que el occidental o el citadino lo hacen . Los proyectos de desarrollo social impulsados por el Estado, que tienen tras de si una ganancia económica y política, se instauran de formas diferentes. En el caso particular de las ciudades rurales, podríamos acudir a lo que Naomi Klein llama la doctrina del shock, según la cual los gobiernos aprovechan los momentos de crisis, creado por desastres naturales y humanos (en las inundaciones de 2007 se encuentran los dos) para instaurar políticas de dominación.

Existe una similitud, al menos según apariencias, entre las CRS y el proyecto de los caracoles zapatistas. La comparación es difícil en tanto que apenas se inauguró la primera CRS, sin embargo discursivamente se pueden encontrar semejanzas. Podemos pues adelantar el análisis de dos diferencias fundamentales: la primera, el nivel de participación social de los habitantes con la toma de decisiones, pues, aunque a los habitantes de las ciudades rurales se les pregunte cómo quieren su casa (y eso sólo en el caso de los pueblos que se han organizado), el hecho primero del desalojo es impuesto por el Estado. La segunda es que, mientras que los caracoles buscan construir la autonomía, en las CRS el gobierno y la inversión privada son los proveedores. “Como dice un miembro de la Junta de Buen Gobierno del caracol de La Realidad, con las Ciudades Rurales, el mal gobierno nos promete tierra preparada, con luz, agua potable, vivienda, hasta nos alimentan. Es sólo vivir y engordar como un puerco, eso es lo que nos prometen pues’”[16]. Ambos proyectos significan alternativas de vivienda, educación y salud, y oponer el proyecto de Ciudades Rurales al de los Caracoles, en el marco de la contrainsurgencia, es una afrenta evidente a la organización zapatista.

Aunado a esto, es importante reconocer el desprecio que en México y desde el Estado se tiene por los pueblos indígenas. Como afirma Carlos Montemayor “la concentración de tierra en Chiapas no es un proceso de modernización del campo para hacer más competitiva la producción agropecuaria en México: es una fuente permanente de desequilibrio social. Esto se agrava porque Chiapas aún posee la ideología racista de las primeras décadas de la Colonia. Es una de las regiones con mayor pobreza y hambre crónica del país y donde con mayor brutalidad se polariza la miseria y la opulencia”.[17]

Las Ciudades Rurales Sustentables y el “buen vivir”

Generalizar en torno a la relación de los pueblos indígenas con la tierra y el territorio es peligroso. En este caso particular, nos encontramos además con la condición de que las comunidades desalojadas luego del desbordamiento del Grijalva pertenecen a grupos étnicos diferentes. No pretendemos caer en simplificaciones, sin embargo, nos parece prudente citar a David Harvey para explicar de manera global, el que consideramos uno de los puntos centrales en los que se ataca a los pueblos indígenas con estas reubicaciones. Harvey dice:

“Diferentes sociedades o subgrupos poseen diferentes concepciones [del espacio]. Los indios que habitaban las praderas de lo que hoy es los Estados Unidos no tenían en modo alguno la misma concepción del espacio que los pobladores blancos que los reemplazaron; los acuerdos “territoriales” entre los grupos se fundaban en tantos significados diferentes que el conflicto resultaba inevitable. Sin duda, el conflicto en parte recaía precisamente sobre el sentido del espacio que debía ser utilizado para regular la vida social y dar significado a conceptos tales como los derechos territoriales”.[18]

Utilizando como ejemplo a los pueblos norteamericanos, Harvey nos explica que la ocupación del espacio es fundamental en la construcción de una visión de mundo, de una construcción política que regula el establecimiento de las relaciones sociales con los otros individuos y con la naturaleza. En el caso concreto de las poblaciones desalojadas de Chiapas, el descontento de la población tiene que ver, no sólo pero si en gran medida, con la ocupación y la distribución del espacio. “Queremos que el gobierno nos deje escoger como van a ser nuestras casas o escoger en donde van a estar” es un reclamo recurrente de los pobladores de Emiliano Zapata.

Las viviendas proyectadas para las ciudades rurales son muy pequeñas, pues miden apenas 45 metros cuadrados. Tienen una cocina en el extremo de la casa, un área común de 1 por 1.5 metros y dos habitaciones más. Entre una casa y la otra hay tan sólo un metro de distancia, y no lugar (ni posibilidad) para tener aunque sea un poco de tierra para sembrar algo. No va a haber dónde poner a los animales, que para las economías familiares de la región son fundamentales. Los espacios para que los niños jueguen están muy lejos de los que acostumbraban. En las ciudades rurales no hay pasto, ríos o árboles, porque todo está pavimentado.

Parece que la cultura de pueblos ancestrales, y el legítimo derecho que éstos tienen sobre sus tierras, poco le importa al gobierno mexicano, no obstante que haya firmado el convenio 169 de la OIT en donde se compromete a respetar estos territorios (territorios espaciales y culturales). Ante esto, el rescate y la defensa de la memoria, de la cultura y de la historia es, al menos, la primera tarea que nos corresponde.

4. Metáforas para territorializar la esperanza

Hasta aquí, en nuestra exposición aparece el sistema capitalista como agente activo que se impone sobre territorios y poblaciones aparentemente pasivos. ¿Realmente es así?

Para tratar de corregir este desolador devaneo quisiéramos usar algunas metáforas:

-La primera es la idea de glocalización, como una manera de pensar globalmente a partir de saberes y acciones locales.

-La segunda es la sub-versión, como la versión o acción de versar del subalterno.

-La tercera es una subversión del termino interludio. Según la Real Academia Española de la Lengua esta palabra proviene del latín interludĕre, que significa jugar a ratos. En música, se usa para nombrar las breves composiciones que se ejecutan entre estrofas de una coral o a modo de intermedio en la música instrumental. Si en vez del inter, a ese ludĕre o juego le anteponemos un intra, podríamos definir intraludio quizá como jugar constantemente; jugar dentro de; composiciones que se ejecutan a lo largo de toda la representación.

-La última es la definición ya mencionada de geo-grafiar como acción de co-creación entre territorios, medios y sociedades.

Con esta metáforas ¿podríamos entender las históricas y esperanzadoras rebeliones indígenas, campesinas, negras, de mujeres, genéricas-sexuales; las irreverencias transgresoras cotidianas de múltiples personas anónimas contra normas, dogmas y valores hegemónicos; los proyectos negros de quilombos y las recuperaciones de tierras del Movimiento Sem Terra, la comuna del Morelos zapatista, la práctica de ocupación-resistencia-producción de los piqueteros en la otra Argentina, la apropiación del ejercicio del poder por parte de los indígenas bolivianos, o la resistencia activa de las comunidades zapatistas de Chiapas, que construyen su autonomía como una pieza más para la construcción de otro mundo que se pretende uno más de los tantos y tan diversos necesarios, como subversiones que geo-grafían un intraludio glocal, es decir, como versiones subalternas que crean territorios, medios y sociedades locales, pensando en lo global, ininterrumpidamente, sobre la gran y heterogénea superficie de la historia?


Notas

[1] Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

[2] Facultad de Psicología, UNAM

[3] Enrique Méndez y Roberto Garduño, Pemex dio a Madrazo y Andrade $1 mil 970 millones para evitar inundaciones. La Jornada, 2 de  noviembre de 2007.

[4] Fabiola Marínez, Ordena Calderón a militares castigar “a quienes incurran en pillaje o lucro”, La Jornada, 3 de noviembre de 2007

[5] http://www.ciudadesrurales.chiapas.org.mx

[6] Las cursivas son nuestras

[7] http://www.ciudadesrurales.chiapas.gob.mx/integrantes

[8] Rodolfo Tuirán, Ciudades Rurales, El Universal, 28 de enero de 2008

[9] Las declaraciones aquí vertidas forman parte de entrevistas informales con los pobladores del campamento Emiliano Zapata. Éstas constan en el audio de una video grabación hecha en este campamento en diciembre de 2008.

[10] Cortés, Hernán. Cartas de Relación. México, Editorial Porrua.

[11] Humboldt, Alexander von. Ensayo político sobre el reino de la Nueva España, México, Editorial Porrua.

[12] Ibid.

[13] Ortiz de Ayala, Simón Tadeo (1968), Resumen de la estadística del imperio mexicano 1822, México, Universidad    Nacional Autónoma de México.

[14] Japhy Wilson, La nueva fase del plan puebla panamá en Chiapas (tercera de tres partes), publicado en www.ciepac.org

[15] Mariela Zunino y Miguel Pickard, Ciudades Rurales en Chiapas: despojo gubernamental contra el campesinado, en  www.ciepac.org

[16] Japhy Wilson, entrevista con un representante de la Junta de Buen Gobierno de La Realidad, op. cit.

[17] Carlos Montemayor, Chiapas. La rebelión indígena de México, México, Joaquín Mortiz, 1997, pp. 191, p. 40

[18] David Harvey, La condición de la posmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambio cultural, Buenos Aires, Amorrortu editores, 1998, pp. 401, p. 227

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