Praxis, proceso socio-territorial y democracia: el despotismo del capital expresándose en una semántica espacial

18 08 2009

Omar Padilla[1]

Resumen

Cuando emprendemos la tarea de comprender a través de una crítica radical fenómenos sociales como el proyecto de las Ciudades Rurales Sustentables (CRS) en el Estado de Chiapas, México, se requiere además de una investigación de campo una rigurosa reflexión teórico-filosófica que no obvie discusiones sobre los distintos niveles de la praxis. El presente ensayo se divide en dos partes, en la primera se propone comprender a cualquier realidad territorial contemplado dialécticamente tres aspectos básicos de ella: como totalidad en sí misma, como totalidad para sí (praxis histórica y situada), y como totalidad socio-territorial; de todo ello se deriva una premisa básica para explicar lo que se entenderá por democracia. La segunda parte intentará “aterrizar” lo anterior, criticando el principal diagnóstico socio-territorial en el que se apoya el proyecto de las CRS que es una supuesta “dispersión” de los asentamientos humanos “marginados”; la hipótesis que se propone es que ese diagnóstico no sólo es parte de un megaproyecto continental del capital internacional, sino también efecto de una semántica espacial que se está imponiendo sobre las varias formas contemporáneas de comprender y transformar los territorios.

Conceptos clave: Totalidad, praxis, democracia, reflexión crítica, radical, proceso socio-territorial, dispersión de la población, población dispersa, semántica espacial y espacialidad del capital.

PARTE I

Es fundamental que cualquier reflexión crítica[2] sobre la noción “territorio” no parta de la escisión entre “lo natural” y “lo social”, entre “lo objetivo” y “lo subjetivo”, entre “lo ontológico” y “lo histórico”. Hallar que dos niveles de la realidad están en contradicción inmediata no es sinónimo de una ruptura constituyente, de dos esferas que son independientes y sólo se relacionan. Es ineludible para ese tipo de reflexión que se mencionó, considerar a los distintos niveles que observamos en la realidad como una unidad, como una totalidad en movimiento que se despliega según determinados contextos históricos y contextos situados que permanentemente la reconfiguran.

Así, se está proponiendo la posibilidad-necesidad de reflexionar críticamente  tres aspectos básicos-generales para comprender cualquier totalidad concreta, por ejemplo: el territorio.

Antes de pasar a explicar esos aspectos, señalo que es necesario verlos como momentos de un movimiento más amplio, total, y no como simples añadidos. Y es así, porque de no ver esos aspectos en movimiento conformado otro más amplio, se terminaría por separarlos y obviar a uno o dos de ellos. Arriesgarse de manera consciente o inconsciente implica un posicionamiento político.

El primer aspecto-momento a considerar es que podemos reflexionar de manera crítica cualquier territorio como una totalidad que en sí misma tiene su propio movimiento pero que se despliega sin finalidad alguna, natural; con esto evitamos naturalizar e idealizar cualquier cosa o situación social, y dejar abierta, no cancelar, la infinidad, el universo de posibilidades[3].

El aspecto-momento anterior nos sirve para no obviar que el movimiento existe aún en estado de reposo, el territorio como totalidad en este momento implica un movimiento sin finalidad natural o constituyente del mismo. Sin embargo, al dejar nuestra totalidad concreta así, nos llevaría a ponerla sólo como un ser sin pies ni cabeza, que no tiene sentido o finalidad alguna y que sólo hay incertidumbre (una creencia “posmoderna”), estaríamos ante una propuesta ontológica del territorio pero idealizada. Sin embargo, el movimiento total no se agota en este momento, la realidad cada vez más desde y a través del territorio se cuestiona: ¿Nosotros determinamos o podemos determinar el sentido y las finalidades del territorio? ¿En verdad el territorio no tiene sentido o finalidad alguna?

En el segundo aspecto-momento, se observa que cualquier totalidad concreta, el territorio en nuestro caso, se despliega-desarrolla de acuerdo a ciertos grados de contradicción entre el contexto situado y el contexto histórico, ambos como una totalidad organizada-diferenciada que no tiene un movimiento mecánico-natural, sino un movimiento complejo-social que está determinado por las formas en que se “resuelvan” en la praxis, las contradicciones que existen entre ambos contextos[4].

Lo situado a diferencia de la noción de “lo local”, la cual es utilizada para comprender los fenómenos geográficos (por ejemplo, los regionales) y los socio-territoriales (por ejemplo, cierta comunidad indígena), no pone al ser humano sólo en su ser ahí, sino que además en su ser más allá. Luego entonces, lo situado, no queda como algo fijo que siempre es en sí mismo (un ser ahí, y no hay nada más) donde no le queda otra conclusión al sujeto “LOCALizado” que vivir siempre en lucha o bajo el dolor, el tener que echar la culpa sobre sí, bajo la resignación a sólo una forma de morir porque sólo hay una de “vivir”.

No. Afortunadamente la realidad no es así, y “lo local” no está a su altura, hay otras formas de reflexionar críticamente el ser ahí, la propuesta es lo situado (la situación):

La relación del hombre con el mundo en cuanto limita, condiciona y, al mismo tiempo, funda y determina las posibilidades humanas como tales. (…). Jaspers habló asimismo de situaciones-límites, que poseen en grado eminente los caracteres propios de toda Situación del hombre en el mundo. Tales son las situaciones inmutables, definitivas, incomprensibles, en las que el hombre se encuentra como frente a un muro contra el cual choca sin esperanza. (…). Heidegger pudo notar que él término tiene también un significado espacial, pero sobre todo designa la determinación por la cual la existencia, como ser en el mundo, decide sobre el propio lugar. (…). Y Sartre dice: ‘Si el para sí [o sea, la conciencia o el hombre] no es más que su Situación, resulta que el estar en Situación define la realidad humana dando cuenta al mismo tiempo de su ser ahí y de su ser más allá. La realidad humana es, en efecto, el ser que siempre está más allá de su ser ahí, y la Situación es la totalidad organizada del ser ahí, interpretado y vivido de y para estar más allá de este mismo ser (Abbagnano and Fornero 1960:984).

Reflexionadas así las cosas, resulta que “lo local” está aún más limitado como noción, ya que lo situado como totalidad organizada-diferenciada no es algo “conforme” en sí misma (ser ahí), no está a expensas de que lo histórico la determine siempre y de cualquier manera, se relacionan pero de manera contradictoria, tanto así, que lo situado se puede desarrollar (ponerse en sí misma) como lo histórico (como un ser más allá) como algo universal.

En cuanto a la reflexión crítica sobre lo histórico, todavía es más interesante evidenciar el reduccionismo ideológico-político de la noción “lo global” que se utiliza para estudiar y explicar los fenómenos regionales y socio-territoriales; mientras que “lo global” se pone como la historia misma y por tanto como la única posible (capitalismo, mercado mundial), mientras que “lo local” no tiene otra opción que adaptarse o perecer frente a la universalidad alcanzada por el capital, misma que se como algo inevitable, irreversible. ¿La historia se puede revertir? ¿Acaso todavía existe alguien que piensa en la posibilidad de regresar al pasado? ¿Podemos detener la historia? Las respuestas a estas preguntas serán siempre un no en la medida en que la historia es puesta como algo lineal-mecánico y las realidades sociales se piensan como algo natural.

El capital como cierta relación social no sólo se piensa a través del discurso de lo “lo global” porque simplemente se pone idealmente en el origen de la naturaleza humana, sino porque es la única relación que ha trastocado violenta y universalmente a todas las demás relaciones sociales de manera práctica. Por lo tanto, la Historia Humana desde y para el capital no es una simple reducción ideológica sino una reducción (sometimiento) práctico de la praxis histórica-concreta de lo situado; con la noción de “lo global” solamente es posible la crítica al reduccionismo ideológico, ¿y lo otro?

Por el contrario, la noción de lo histórico no se asume como la Historia Humana, tampoco requiere de un esquema cronológico en particular (lineal, cíclico, procesual, segmentario, etc.,) y no necesita de “naturalizar” relación social o condición humana alguna. Su propuesta es: una praxis revolucionaria.

Y es la noción de praxis no porque se quiera resolver la conceptualización de lo histórico a través de ella, ya que como bien sabemos es a través de ella que se realiza la Historia Humana y lo situado; en realidad la propuesta es que lo histórico se comprenda como el ser más allá (revolución) que ya está presente en lo situado (ser ahí), como algo que no es un deseo natural del hombre sino como un algo que puede surgir como posibilidad (potencia) en la praxis, y que sólo a través de esta última se puede hacer efectiva. No es que el hombre tuviera en su naturaleza el conocer, descubrir o apropiarse otros territorios, sino que su ser ahí (lo situado de su praxis histórica-concreta) en acto de manera consciente o inconsciente le permitió ir más allá de su situación (ser lo histórico), y ser parte de la historia humana haciéndola, transformándola, revolucionándola[5].

Los que se apoyan en las nociones de “lo local” y “lo global” no se equivocan cuando a través de ellas observan la posibilidad de re-definir (potencia) el territorio, pero lo hacen bajo el riesgo de empobrecer la noción de territorio como totalidad histórica-concreta (la dialéctica entre lo situado – lo histórico); reducen el acto a la simple adaptación de la historia que propone el capital, ya no indagan sobre las posibilidades efectivas de lo situado puesto que piensan que han perecido debido a su “atraso”, consideran que habría que traerlas de la universalidad dominante (“lo global”); sin embargo, aunque sean una posibilidad hay un riesgo o desafío mayor, ya que de entrada pueden ser una enajenación negativa para lo situado, pero en su desarrollo una enajenación positiva[6].

A través del tercer aspecto-momento se propone que una totalidad histórico-concreta debe considerarse no sólo en términos teóricos sino prácticos. Por tanto como proceso social que tiene su propio movimiento, como desdoblamiento de varios momentos, como síntesis de ser en sí mismo y como ser para sí; se propone comprender la totalidad territorio, como un proceso socio-territorial que articula la totalidad abstracta, la totalidad histórico-real y ahora la totalidad práxica establecida de manera: 1) concreta, 2) histórico-situada y 3) bajo una forma política libremente decidida.

Todo lo anterior ha estado implícitamente diciendo no sólo que la praxis es lo central, sino además que la misma tiene diversos niveles que hay que comprender; por lo que la praxis como hecho concretamente establecido de manera consciente o inconsciente y bajo la dialéctica de lo situado y lo histórico, termina por delimitar la totalidad en sí, ya no es abierta e infinita (la absoluta incertidumbre), ahora es precisa-práctica y finita, gobiernan determinadas certezas (hay un sentido). Sin embargo, la praxis concreta también tiene la posibilidad de estallar las certezas establecidas y ponerse como sujeto, se presenta ahora el momento en el que es una totalidad para sí misma, existe y está continuamente proponiéndose finalidades y por ende instituyendo un sentido al territorio[7].

Pero en esto último, me parece que está lo radical (la razón y la emoción) de la praxis, a decir, la posibilidad efectiva para re-definir (decidir conscientemente) nuestra particular capacidad de proponernos finalidades sobre, con y a través del territorio; y sobre esa radicalidad propongo una conceptualización básica de democracia, como aquella posibilidad efectiva para proponerse y llevar a cabo decisiones para re-definir constantemente nuestras finalidades sociales; cualquier intento o situación que impida la realización efectiva de esa posibilidad (reduccionismo práctico) o apueste por un reduccionismo ideológico de la misma, es antidemocrático.

Por el lado de la realización efectiva de esa posibilidad bien se puede entender una parte del título del presente evento[8]: Espacios de la democracia. Ya que la democracia como (en) acto político no sólo construye nuevos espacios para realizarse, sino también busca conquistar otros espacios en los que sólo existe como (en) potencia. Cuando se habla entonces de espacios o territorios de la democracia se comprende algo que está en juego y que debe concretizarse.

Luego entonces, bajo la propuesta de conceptualización que he sugerido de democracia, resulta que sería un rasgo distintivo-natural del comportamiento del ser humano respecto del resto de la animalidad (ya que puede proponérselo), pero no natural de manera absoluta, ya que está siempre en juego la existencia efectiva de ese rasgo distintivo. Considero  que la siguiente cita de Bolívar Echeverría puede servir para aclarar esto último de mejor manera:

Aunque su presencia y vigencia [se refiere a la peculiaridad del comportamiento humano social: la socialidad] es también necesaria por naturaleza también en el proceso de reproducción social, la determinación de su figura concreta está sin embargo entregada a la libertad. En esto, el ser humano está privado del amparo que otorga al animal el seno omniabarcante de la legalidad natural. Los rasgos definitorios de su identidad no están inscritos en el principio general de su organicidad ni tienen por tanto vigencia instintiva. Su identidad está en juego: no es un hecho dado, tiene que concretarse siempre nuevamente. Lo que ella fue en un ciclo reproductivo es un antecedente que condiciona pero no obliga a lo que habrá de ser ella es un ciclo posterior (Echeverría 1998:165-166). [El subrayado es nuestro].

Del lado del reduccionismo ideológico, contraponemos la otra parte del nombre del presente evento: Democracias del espacio. Ya que los reduccionismos sobre la noción de democracia tienen su explicación en la ruptura política (deliberada) con la crítica a la praxis del espacio -con aquello que arriba definimos como proceso socio-territorial-; ya que esos reduccionismos no consideran de manera radical -porque políticamente “no conviene” aceptar- la existencia de múltiples procesos socio-territoriales y por tanto la existencia de múltiples formas de concretizar la posibilidad de proponernos y de llevar a cabo las decisiones que re-definan constantemente nuestras finalidades sociales bajo el sentido que socialmente se considere pertinente.

En consecuencia, la conceptualización básica de democracia que se propuso permite: evitar cualquier intento por definir unívocamente qué es democracia, como argumento crítico práxico para desestructurar las visiones que intentan concretizar una sola manera de hacer “democracia”. Lo que planteo con esa conceptualización es una propuesta (práxica) como científicos sociales que estamos en contra del actual “fundamentalismo democrático” que impera actualmente en los discursos que ofrecen las definiciones convenientes para las clases sociales dominantes de un determinado estado-nación o por el discurso liberal del capital internacional.

Para concluir esta primera parte del ensayo cito algunas ideas de Juan Cebrián en cuanto a su idea de “fundamentalismo democrático”:

Cabe preguntarse cómo es posible hablar de un fundamentalismo democrático, cuando parecen términos tan contradictorios entre sí. (…). Fundamentalismo y democracia son, desde luego, vocablos que casan bastante mal, aun si el diccionario puede ser benévolo también en está ocasión. El fundamentalismo, como hemos visto, es de origen religioso, preconiza la interpretación literal de los textos sagrados y su estricto cumplimiento.  (…) fundamentalista es, en realidad, todo aquel que entiende que existe una única manera de ser, y una única manera de hacer para una única manera de pensar. (…). Los representantes del fundamentalismo democrático piensan que su sistema es un bien exportable porque ignoran que no es un bien en sí mismo, sino algo que emana del reconocimiento efectivo de los derechos individuales de la persona. Al hacer de la democracia una ideología, pretenden investirse de su condición de apóstoles de la misma, y son capaces de emprender la más sangrienta de las cruzadas en nombre de la libertad. (…). Es preciso llamar la atención sobre las tendencias totalizadoras y demagógicas de gran parte de los poderes que operan hoy en el mundo, y poner sobre aviso acerca de la mixtificación de la democracia, de su conversión en cuerpo ideológico cerrado y de su malversación, a fin de proteger los intereses y las manías de las clases dominantes (Cebrián 2005:27, 33, 37).

PARTE II

El gobierno presidido por Juan Sabines en el estado de Chiapas (México), ha impulsado desde su llegada un programa llamado Ciudades Rurales Sustentables (CRS) que a rasgos generales tiene por objetivo, según el discurso de dicho gobierno, construir urbanizaciones que conformen regiones o zonas que integren a las comunidades rurales que se encuentran dispersas, a través de la dotación de servicios básicos y la construcción de infraestructura que las concentre para lograr una organización territorial eficiente que disminuya los problemas sociales de Chiapas. Sin embargo, de acuerdo con Mariela Zunino y Miguel Pickard (2008) y Japhy Wilson (2008) este proyecto en realidad es parte de los megaproyectos continentales que impulsa el capital internacional, ya que en los hechos este proyecto de las CRS es una pieza más del “desaparecido” Plan Puebla Panamá:

El Plan Puebla Panamá (PPP) sigue en marcha. La misma carta de proyectos que apareció en su Documento Base original, de autopistas, puertos, aeropuertos, plantaciones, urbanizaciones, y megaproyectos turísticos, vuelve a aparecer bajo los nombres de otros programas de desarrollo, implementados por diversas organizaciones multilaterales y distintos niveles de gobierno, y operando en varias escalas geográficas. A nivel transnacional, el PPP se encuentra en un proceso de reestructuración, que terminará en este año con su relanzamiento bajo otro nombre. (…).  En el nivel de Chiapas (…) el PPP está entrando a una nueva fase, pasando de su enfoque inicial en megaproyectos infraestructurales de comunicaciones y transportes, para empezar a concretizar proyectos de producción, “servicios”, y ordenamiento territorial – corredores agroindustriales, parques “ecoarqueológicos”, ciudades rurales, etc. Todo este proceso reemplaza y aplasta el espacio vívido de las culturas Mesoamericanas por el espacio abstracto de la acumulación de capital transnacional. (…) en el caso de Chiapas, la concretización del PPP entonces implica el despojo de los pueblos indígenas y campesinos de sus tierras – con la fuerza paramilitar si fuera necesario – y su reubicación en nuevos centros de población enredados en los corredores y supercarreteras del mercado global (Wilson, 2008).

En general, comparto la visión crítica y las hipótesis que plantean, Mariela Zunino, Miguel Pickard y Japhy Wilson sobre este proyecto de las CRS; sin embargo, deseo aportar a esos diagnósticos no sólo que el proyecto de las CRS es parte de un megaproyecto continental del capital internacional como algo deliberadamente concertado entre gobiernos de todos los niveles, empresarios locales y nacionales, así como con las empresas transnacionales; sino que también hay toda una semántica espacial que se corresponde con la espacialidad del capital, que se está imponiendo sobre las varias formas contemporáneas de comprender y transformar los territorios.

Lo anterior implicaría que además de la organización de los distintos actores y niveles del poder del estado-nación y el capital, hay una praxis dominante que funciona como un autómata que por sí misma se está imponiendo a los procesos socio-territoriales; el capitalismo ha logrado cierto objetivación en el espacio, en el territorio, que comunica (conduce) de una manera determinada al resto de las relaciones sociales; hay un sentido (el del capital) que cada vez más se impone sobre todo signo lingüístico. Frente a eso, como nunca es necesaria la crítica a todo nuestro lenguaje y sobre cada uno de los signos lingüísticos que utilicemos.

Es impresionante cuando comprobamos como los datos, la información obtenida por las diversas ciencias se manifiesta como síntesis del espacio abstracto (acumulación de capital), de la espacialidad del capital; además nuestro lenguaje-conocimiento técnico o científico tampoco está a salvo de dicha síntesis.

Por ejemplo, en la página web del recién creado Instituto de Ciudades Rurales Sustentables[9], así como en cualquier otro documento oficial que se refiera al proyecto de las CRS, hay una “visión” (hipótesis o diagnóstico) sobre la realidad socio-territorial del Estado de Chiapas, según la cual el problema es “la dispersión y marginación de los asentamientos humanos”. Por lo que el proyecto de las CRS para las instituciones oficiales es: una estrategia de política pública de los gobiernos estatal y federal, para promover el desarrollo regional y el combate al binomio dispersión-marginación.

Luego entonces, para esa “visión” el problema central es “lo disperso” y “lo marginado”, pero incluso también lo es para la gran mayoría de los científicos sociales. Difícilmente alguien se plantea como adecuada la dispersión de los asentamientos humanos, y menos cuando toda nuestra experiencia práctica nos indica en el lenguaje cotidiano que la concentración, la reducción de las distancias es lo más conveniente. El que existan asentamientos dispersos, según nuestro sentido común, es sinónimo de dificultad para acceder a los servicios (salud, vivienda, educación, etc.,) y se relaciona principalmente con la economía. De hecho, se han hecho teorías y formado profesionales que se enfocan y especializan en distribución de la población, asentamientos humanos, planificación urbana, ordenamiento territorial, etc. Pero conforme pasa el tiempo tanto teorías como profesiones se vuelven obsoletas. ¿Por qué?

Porque mientras un fenómeno como la dispersión de los asentamientos humanos se observe en función de la economía y no desde una perspectiva que comprenda a ese fenómeno como parte de un proceso socio-territorial, teorías y profesionistas pasarán o estarán de moda según como la economía se administre o en que situación crítica se encuentre.

Para el caso del diagnostico que hace el proyecto de las CRS sobre los asentamientos humanos en Chiapas, hay un problema político y no una simple confusión técnica. No es lo mismo decir “dispersión de la población” que “población dispersa”. Ya que hablar de “dispersión de la población” es entenderlo como un fenómeno inverso al de “concentración de la población”. La dispersión es la salida progresiva de la población de los centros poblados mayores como resultado del desarrollo normal de un Proceso Socio-Territorial (PST) con la finalidad de ocupar otros terrenos generalmente agrícolas. Mientras que una “población dispersa” es un tipo de hábitat, de organizarse en el territorio, no es el resultado de un PST,  sino el PST mismo.

Como se observa, para el caso de los asentamientos humanos en Chiapas, se tendría en todo caso que utilizar el término “población dispersa”, ya que las distancias entre ellos obedece no sólo a una “marginación” histórica, sino a una forma concreta de hacer hábitat, de organización territorial concreta; incluso tampoco el término de “dispersión de la población” encaja en dicha realidad, ya que el gobierno de Chiapas habla de asentamientos humanos fijos que están dispersos y distantes entre sí y con respecto a los “centros de desarrollo”, infraestructura o servicios.

En Chiapas la salida de la población o su movimiento no se ha debido al desarrollo normal de su particular proceso socio-territorial, sino a una política “reciente” de control militar-económico de su población y cada vez más a una creciente organización de sus pueblos.

Resulta entonces que cualquier medición de “lo social” y “lo territorial” que se haga sobre el estado de Chiapas para reducir el “binomio dispersión-desigualdad”, estará midiendo la posibilidad de penetración del capital.

CONTINUARÁ…. (TRABAJO AÚN NO CONCLUIDO).

Bibliografía:

Abbagnano, N. y G. Fornero (1960), Diccionario de filosofía, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México.

Cebrián, J. (2005), El fundamentalismo democrático, Suma de Letras, Madrid, España.

Echeverría, Bolívar (1998), Valor de uso y utopía, Siglo XXI Editores, Ciudad de México.

Pickard, Miguel y Mariela Zunino (2008),

Wilson, Japhy (2008)


[1] Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM, licenciado en economía, maestro en urbanismo y estudiante de doctorado en Estudios Latinoamericanos por la misma universidad. Líneas de investigación: Grandes Ciudades y Mercados de Trabajo; Desarrollo Económico y Medio Ambiente; Educación Superior en México; Investigación Actual: “Hacia una perspectiva de totalidad para la crítica de los procesos socio-territoriales en el capitalismo contemporáneo: el caso de las grandes ciudades latinoamericanas”. E-mail: omarxista@gmail.com

[2] No está demás advertir que por crítica se está entendiendo algo más que un método o una actitud intelectual que por un momento -determinado por ella- suspende sus juicios a priori frente al objeto, sino que además en alguna medida intenta comprometerse con la autocrítica sobre aquello que la constituye en una praxis concreta.

[3] Ningún territorio “nació para competir”, como tampoco para ser “socialista”, no hay nada en él que nos garantice de manera inevitable que la humanidad será libre o que la competencia es algo natural que permite una selección en la que sus miembros más aptos sobrevivirán y se impondrán sobre sus miembros menos aptos y que con el tiempo morirán. Si alguien cree que por ver alguna de esas situaciones en la realidad, como algo natural e inevitable, es porque sólo ve otro momento de la totalidad (territorio), confunde esas situaciones porque no comprende o no considera este momento que implica un movimiento que no tiene una finalidad natural en sí mismo. Este momento desaparece cuando se le imprime una finalidad a través por ejemplo de la religión. Dios podría imprimir finalidad a este momento y suprimirlo. La URSS lo suprimió después de su inicial reflexión crítica y no tuvo otro remedio que la espantosa realidad de los Gulags.

[4] Hay propuestas que plantean la dicotomía relacionada entre “lo global” y “lo local”, sin embargo prefiero lo histórico y lo situado desde una perspectiva hegeliano-marxista, en la que ambos contextos no están separados sino que implican una unidad diferenciada, en contradicción. Entiendo a la contradicción no como simple oposición, sino como momento resolviéndose en y a través de la praxis y que por tanto no queda como algo inevitable o necesidad lógica-natural.

[5] Esta terminología de Aristóteles puede servir para comprender el segundo aspecto-momento; cuando se dice que algo contiene la posibilidad de un cambio cualquiera, aludimos a lo que es en potencia; cuando se dice que algo se ha realizado (logrado su forma plena) o se está realizando (en proceso de lograr su forma plena), se dice que es en acto.

[6] Entiendo recuperando a Hegel y Marx, mi propia manera de entender la noción de enajenación, como un proceso que implica en unidad, contradicción y bajo momentos distintos de la dialéctica entre “lo material” y “lo inmaterial”, entre “lo objetivo” y “lo subjetivo”. De ahí que pueda considerar enajenaciones positivas o negativas -acoto que en sentido filosófico y no bajo el sentido común, entiendo eso de positivo y negativo-. Por ejemplo, el amor y el lenguaje en determinados momentos y resultados de sus procesos dialécticos son enajenaciones positivas o negativas.

[7] No se niegan la existencia de más sentidos, hablamos de un sentido dominante en tanto su posibilidad de ser universal.

[8] Me refiero al evento en el que se presentó esta ponencia: Espacios de la democracia. Democracias del espacio.

[9] http://www.ciudadesrurales.chiapas.gob.mx/inicio


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