Democracia participativa, acciones concretas

16 08 2009

Iván De la Lanza Gámiz

“La tragedia de las democracias modernas consiste en que ellas mismas no han logrado aún realizar la democracia”, Jacques Maritain, filósofo francés

En este texto se pretende analizar las principales causas del por qué los sistemas democráticos en todo el mundo, contrariamente a la lógica de la evolución, se han ido alejando paulatinamente del ideal de democrático, transformándose de una forma de gobierno a un sistema político que rara vez recae en su origen, es decir, en la participación ciudadana. Asimismo, se pretende identificar si existen modelos democráticos con mayor madurez o bien casos específicos que permitan determinar una pauta de acciones concretas, que pudiera ser replicada actualmente por los ciudadanos y organizaciones fuera de las instituciones políticas, de tal forma que se pudiera retomar el principio en que la democracia prospera cuando existen más oportunidades de que una gran parte de la sociedad intervenga activamente en el diseño de la agenda pública y no sólo a través del voto, sino también a través de la deliberación y de la participación en organizaciones autónomas.

¿El momento que vivimos actualmente a nivel mundial, es un momento de crisis o de auge democrático? Al día de hoy, la democracia es la forma de gobierno más practicada en todo el mundo, habiendo solo 4 gobiernos que no se identifican como democráticos: Ciudad del Vaticano, Arabia Saudita, Myanmar y Brunei. (Auto identificación oficial hecha por los gobiernos del mundo, Marzo 2008). Asimismo, los resultados de la investigación sobre democracia global de Philliphe Schmitter señalan que la cifra de países que en años pasados ha celebrado elecciones razonablemente libres, ha pasado de ciento cuarenta y siete en 1988, a ciento noventa y uno en 1999 (Schmitter, comunicación personal, octubre 2002).

Argumentos como éstos y la inmensa trayectoria histórica de la democracia podrían llevarnos a pensar que, si bien los modelos ideales podrían nunca llevarse a cabo por completo, al menos cumplen la función de establecer un punto de referencia que permita analizar las conductas actuales en relación con este ideal, estableciendo acciones para mejorar y no alejándonos cada vez más del máximo de la democracia.

Pero entonces, ¿cómo podemos explicar la creciente insatisfacción publica con la política y los sistemas democráticos, que rara vez es expresada en índices estadísticos?. Con base en el mismo estudio de Schmitter y ciñéndonos a una definición más estricta de “elecciones libres”, los resultados son ambiguos, pues muestran un déficit en términos reales entre 1988 y 1995, cuando se pasó de sesenta y cinco a cuarenta y tres países. De igual forma, un reciente informe para la Comisión Trilateral de Europa Occidental, Japón y Estados Unidos establece como conclusión que algo está funcionando mal en el sistema democrático de estos países (Pharr y Putnam, 2000). En esencia los autores enfocan el problema en la menguante capacidad de actuación de los políticos, dadas las dudas cada vez mayores sobre la legitimidad de éstos, a causa de una participación electoral a la baja (Crouch, 2003). Es entonces cuando surge otra pregunta importante: ¿son necesarias otras formas más comprensivas de analizar la democracia en lugar de limitar los enfoques únicamente a los procesos electorales, la participación y la competencia política? ¿Son estos indicadores un reflejo real del estado actual de la democracia?

Es importante analizar en primera instancia, en qué momento democrático se encuentran actualmente las democracias del mundo. Al analizar algunos de las “democracias de la tercera ola” (Huntington, 1991). Un gran número de publicaciones, como la del mismo Huntington, han comenzado a considerar las “deficiencias” del carácter democrático que representan las políticas de participación actual, generando todo tipo de “clases” de especies y subespecies de democracia, o bien de formas “inferiores” de democracia.

Por otro lado autores como Colin Crouch, (Post-Democracy, 2002) expresan que “cada vez estamos más cerca del extremo posdemocrático, lo que explicaría esa generalizada sensación de desencanto y decepción con el grado de participación pública y con las relaciones entre la clase política y la mayor parte de los ciudadanos, sensación que es posible apreciar en muchas – tal vez la mayoría – de las democracias avanzadas” . En su modelo de posdemocracia Crouch hace la analogía de la evolución de la democracia con una parábola, al plantear que los modelos democráticos en todo el mundo inician en una etapa pre-democrática, donde el Estado responde a los intereses de una elite que domina sobre los intereses de la mayoría, logrando incrementar las desigualdades de riqueza y poder. Posteriormente entran en una etapa de auge democrático, el Estado se sobrepone a estos intereses limitando la intervención de las oligarquías en las políticas públicas y la sociedad civil logra avances legales importantes al constituir, mediante organizaciones, un conjunto de derechos universales para la ciudadanía. Sin embargo, es en la etapa posdemocrática actual donde la parábola poco a poco regresa a su punto inicial a través de situaciones similares o iguales al periodo pre-democrático ya que como se puede observar actualmente, los políticos responden nuevamente a las demandas de un grupo de líderes empresariales, permitiendo que sus interés particulares se conviertan en políticas públicas, la desigualdad en la distribución de la riqueza es cada vez mayor, el papel del Estado vuelve a ser represivo y finalmente el estado de bienestar se convierte en algo residual que tiene que ver exclusivamente con la clase baja, en lugar de constituirse en condiciones igualitarias para la ciudadanía. Que Estados Unidos, (en otros tiempos pionero en los avances democráticos) sea el país que muestra un retorno tan marcado hacia un periodo anterior, es algo que solo puede entenderse en relación con la parábola democrática.

Contrarios a estas teorías existen argumentos neoliberales actuales que plantean una etapa de auge democrático al decir que “los ciudadanos de hoy en día ya no necesitan del Estado tanto como sus predecesores, son más independientes, capaces y están más dispuestos a alcanzar sus objetivos a través de la economía de mercado y en consecuencia es razonable que se preocupen menos por las cuestiones políticas” (Hardin, 2000).

Lo anterior se convierte en un argumento refutable, ya que de acuerdo con Toni Negri y Michael Hardt, si bien es cierto que la ciudadanía es ahora más autónoma e independiente, no es en un sentido indiferente o buscando esta independencia en las oportunidades que ofrece el mercado, sino más bien como productores exclusivos de organización social, esto es, que se hacen más autónomos y aptos para formar la sociedad por su cuenta a través de las recientes hegemonías de las formas de trabajo “inmaterial”, mismas que requieren nuevas redes de comunicación y colaboración de lo compartido en común y que a su vez, producen nuevas redes de relaciones intelectuales, afectivas y sociales. Estas nuevas formas de trabajo ofrecen nuevas formas de autogestión económica, así como de auto organización política y social, creando una nueva posibilidad a la práctica política. (Negri y Hardt, 2004).

Es entonces cuando debemos retomar planteamientos como el de Sebastián Mazzuca sobre las formas en las que la multitud puede acceder y ejercer el poder, como atributos básicos de la definición de un régimen político, de tal forma que puedan fungir como medios de contención o medios de presión desde abajo de la sociedad, estableciendo límites claros al poder político mediante la vigilancia constante. Lo anterior desde una perspectiva fuera de los marcos jurídicos actuales, que retome la posibilidad de los individuos o ciudadanos para reunirse y crear organizaciones que participen activamente en la vida política reclamando y defendiendo derechos específicos. Esto permitiría paulatinamente cambiar el rumbo de la vida política contemporánea, mediante acciones concretas en tres niveles: con políticas que intenten detener el creciente dominio de las elites empresariales; con políticas que aborden la reforma del ejercicio de la política en cuanto a tal; y, por ultimo, con medidas que posibiliten la actuación de los propios ciudadanos interesados .

Durante los últimos casi cincuenta años hemos visto grandes ejemplos del funcionamiento de la política democrática en su sentido más positivo y creativo, desde las organizaciones en pro de alguna causa en particular, tal es el caso de las organizaciones no gubernamentales que han comenzado como un pequeño grupo de intelectuales y activistas para después propagarse de una forma compleja e influyente en las decisiones políticas a nivel mundial. Como ejemplos claros de esto podemos mencionar el papel y la historia de organizaciones como: Amnistía Internacional, Greenpeace, OXAFAM y Taking IT Global, entre muchas otras que surgen diariamente.

Adicionalmente a este tipo de agrupaciones podemos encontrar ejemplos claros de movimientos sociales y organizaciones ciudadanas que retoman la clave de la democracia participativa, es decir, la organización que parte de la dimensión territorial. Tales son las propuestas más radicales que establecen asambleas ciudadanas como el caso de la democracia directa de la Suiza contemporánea, o bien el Presupuesto Participativo como instrumento de participaciones en Brasil . En este caso en particular se establecen tres aspectos principales:

A) Organización: configuración del territorio a través de asambleas regionales, consejos municipales, fórum de delegados regionales y plenarias temáticas.

B) Metodología: la definición de prioridades sigue tres criterios: selección de la región, población de la región, carencia de servicios o infraestructura.

C) Funcionamiento: Se realizan dos grandes reuniones por año para evaluar aspectos como la rendición de cuentas, elección de prioridades, miembros del consejo y negociaciones con el gobierno, entre otras.

Estas propuestas serían especialmente valiosas en caso de aplicarse también a los gobiernos regionales y locales, logrando que un número potencialmente grande de ciudadanos participe en este tipo de asambleas ya sea mediante la implicación política o al menos en la comprensión de su funcionamiento.

Cabe recalcar que este tipo de organizaciones no está exento de elementos nocivos como los que actualmente influyen en el momento posdemocrático: la corrupción, el clientelismo y el elitismo político, entre otros. Estos factores ponen en duda el papel político de la sociedad civil y las acciones de las organizaciones sociales para introducir cambios en la sociedad política.

En conclusión, este texto pretende recalcar la necesidad de investigar, plantear y analizar acciones de participación democrática concretas, que puedan ser viables de replicarse o modificarse según las diferentes condiciones de cada país. Acciones que permitan a la multitud retomar su capacidad de regirse a sí misma y, por lo tanto, hacer la democracia posible.

Referencias

SCHMITTER P.C. (2002) “A Sketch of what a Post-Liberal Democracy Might Look like” Florencia, European University Institute.

PHARR, S.J. , y PUTNAM, R.D. (2000) “Disaffected Democracies: What´s Troubling the Trilateral Countries?”.Princeton, N.J., Princeton University Press.

CROUCH COLIN (2003) “Post- Democracy” D.R. Gius, Laterza & Figli, p 12.

HUNTINGTON, SAMUEL P. (1991) Democracy´s Third Wave. The Journal of Democracy.

CROUCH COLIN “Post Democracy” D.R. Gius, Laterza & Figli pag 12.

2 HARDIN, R. (2000) “The Public Trust” en Pharr y Putman, 2000.

3 TONI NEGRI Y MICHAEL HARDT “Multitud: Guerra y Democracia en la Era del Imperio” 2004, pag. 382.

SEBASTIAN MAZZUCA “Acceso al poder versus ejercicio del poder. Democracia y patrimonialismo en America Latina.

4 COLIN CROUCH “Post democracy” 2002 pag 145.

TEXEIRA ELENALDO “La participación ciudadana en el poder local en Brasil” 1997

5 Universidad Federal de Bahía, http://habitat.aq.upm.es/boletin/n3/aecel.html.


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