La ciudad como un cuerpo político. Entrevista

3 08 2008

David Harvey

17/Dic/06

publicado en sinpermiso.info

“La mayoría de los que se consideran marxistas no me consideran a mí marxista en lo más mínimo. La mayoría no presta ninguna atención a la ciudad y sólo se centra en la producción”, afirma David Harvey. En esta entrevista realizada por Mariana Canavese, en Buenos Aires, el geógrafo británico destaca la importancia de la alianza entre los barrios, los movimiento sociales y los trabajadores fabriles como protagonistas del cambio social.

Si al geógrafo David Harvey se le pidiera que trazara el mapa de su propia enunciación, diría: “Vivo en el vientre de la bestia pero interpreto que mi misión es darle a la bestia un poco de dolor de vientre de vez en cuando”. Afincado en Nueva York – su principal área de estudio-, Harvey piensa cómo funciona el mundo desde el ordenamiento territorial: los procesos a través de los cuales el capital crea paisajes, las ciudades como sitios en los que se dirimen conflictos sociopolíticos, sus habitantes como arquitectos del futuro urbano. Hilvanando geografía, historia, economía y política, y frente a las versiones espaciales de la tesis del goteo, desarrolló el concepto de “acumulación por desposesión”: una remozada dinámica de cercamiento de la propiedad comunal fundada en privatizaciones que habilitan la acumulación de capital y desplazan, en el desarrollo urbano, los derechos colectivos por derechos individuales de propiedad y beneficio.

Con el centro porteño de fondo, tensado entre una marcha que reclama más seguridad y su contramarcha, Harvey aclarará que no estudió especialmente el caso de Buenos Aires, aunque ha leído sobre piqueteros, sabe que existen movimientos barriales y que aquí están pasando “cosas emocionantes”. Ha convocado a conquistar el derecho a disentir en espacios públicos y participa activamente en movimientos sociales estadounidenses.

Hoy afirma que la hegemonía de los Estados Unidos está declinando, que perdió relevancia política y económica y que ya no puede crear el mundo a su semejanza: “Y aunque Wall Street sigue siendo una institución central – continúa Harvey -, alrededor del 40 por ciento de las acciones que cotizan allí corresponde a extranjeros, y la mitad de la deuda estadounidense está en manos de China y Japón”. Fue en los últimos días del imperio británico, tras el estallido de la crisis de Suez en 1956, cuando él empezó a pensar críticamente el dominio imperial. En 1969 se mudó a Baltimore y, desde las entrañas de ese otro imperio, descubrió a Marx junto a un grupo de alumnos: “Habíamos escuchado decir todo tipo de cosas desagradables sobre él. Pero, cuando lo leímos, nos dimos cuenta de que era mucho más interesante y útil de lo que nadie había sugerido”.

-¿Qué implica articular geografía y marxismo?

-Hay que entender la situación que se da aquí, en Nueva York o donde sea. Después hay que tratar de comprender las fuerzas que crearon esa situación, quién estuvo a cargo de esa construcción cómo la hizo y cuáles son las consecuencias de haber dispuesto ese medio ambiente tal como es. Para mí, esto es algo clave y es lo que veo que hace Marx cuando leo El Capital. Pero la mayoría de los que se consideran marxistas no me consideran a mí marxista en lo más mínimo. La mayoría no presta ninguna atención a la ciudad y sólo se centra en la producción. Yo nunca fui de la opinión de que el agente de la historia sea la fábrica proletaria. Siempre pensé que lo era la combinación y las alianzas entre los barrios, los movimientos sociales en materia de vivienda, salud y educación, y los movimientos de las fábricas. Los marxistas nunca fueron buenos geógrafos. Nunca entendieron los desarrollos geográficos ni las ciudades. Cuando tuvieron poder, no supieron qué hacer con el desarrollo geográfico desparejo. Hemos atravesado el último siglo, un período de enormes transformaciones, de una urbanización que pasó del 7 por ciento al 50 por ciento de la población mundial, y los marxistas actuaron como si ese enorme cambio dinámico de la población en toda la organización de la superficie de la Tierra no marcara ninguna diferencia.

-¿A qué se refiere con “desarrollo geográfico disparejo”?

-Es uno de mis términos preferidos; a través de él se mantiene el capitalismo. Si usted hubiese mirado el mundo en los años 80 y se hubiese preguntado dónde estaban las economías exitosas, habría dicho que en Alemania occidental y Japón. Y si mira ahora y se pregunta dónde están las economías exitosas, se responderá que en China ven muchos pequeños lugares como Botswana o Bangalore. En algún lugar hay una economía exitosa y se supone que todos debemos seguirla. Pero en cuanto todos la seguimos, ya no es exitosa. Esto también es aplicable a las ciudades. Si uno se pregunta cuáles son las ciudades que hoy son centros de dinamismo… En los 80, Nueva York era un lugar espantoso: el índice de delito era monstruoso, había una enorme epidemia de crack, las condiciones de vida eran horribles. Hoy Manhattan es el gran patio de recreo de los ricos y tiene mucho éxito como centro de las operaciones financieras mundiales y de las actividades transnacionales. Si uno va a Frankfurt o a Londres ve exactamente lo mismo. Pero eso también significa que es sumamente caro vivir en esas ciudades. Entonces me pregunto en qué sentido Nueva York es, hoy, una ciudad global exitosa. La respuesta es: Sí, es muy exitosa desde el punto de vista de los muy acaudalados, pero es un lugar terrible para los inmigrantes y los pobres.

-En relación con los desarrollos urbanos actuales, ligados a la lógica de los barrios cerrados y los procesos de “favelización”, ¿qué sucede con su idea de que forzar los espacios abiertos para la protesta y la contención es un derecho inalienable?

-La favelización y la creciente segregación de las ciudades son fenómenos mundiales. La tendencia a cerrar la ciudad puede verse en China – donde están construyendo barrios cerrados por todas partes – y también en Nueva York. Manhattan es, cada vez más, una comunidad cerrada. Allí el ingreso ha subido muchísimo mientras que en municipios como el Bronx, Brooklyn o Queens bajó. Hay un desarrollo geográfico desparejo de la ciudad, y con esto tiene que ver en parte e1 actual gobierno, que busca darle seguridad a Manhattan como patio de recreo. Respecto de la favelización, creo que el efecto general de las políticas neoliberales que comenzaron en los 90 fue acentuar las desigualdades sociales, agravar la pobreza absoluta e incrementar, la actividad delictiva. Esta es la historia en casi todas partes, desde México y América del Sur hasta Johannesburgo e incluso Australia. En esto también el modelo fue Nueva York. Después del ataque a Nueva York por parte de los financistas en los 70, terminamos con una gigantesca ola delictiva. En cuanto al espacio público, creo que hoy está bajo amenaza en casi todas partes. En particular en Estados Unidos, se usa la idea de que hay terrorismo para detener la protesta social y el argumento es: Bueno, no sé, podría haber algunos terroristas en medio de esto. Lo que estamos viendo es una restricción gradual del derecho a la protesta pública.

-¿Hay alguna posibilidad dé organizar las ciudades por mandato colectivo?

-Se trata de pensarla no como una ciudad de fragmentos sino como un cuerpo político, una entidad que tiene un carácter, un papel que desempeñar en la división internacional del trabajo. En Nueva York, por ejemplo, tenemos un alcalde, Michael Bloomberg, que tiene una visión de conjunto de la ciudad y la está implementando. Apunta a hacer de Nueva York una ciudad competitiva en relación al interés de la clase capitalista transnacional. No es autoritario exactamente, pero dice estar por encima de la política. Está invirtiendo en la ciudad y tiene muchos proyectos de desarrollo; le preocupa la calidad de vida, aunque no para toda la población. La está convirtiendo en una ciudad muy atractiva para el capital financiero y para los turistas. Sé que esto es un problema pero lo que digo es que al menos tiene una visión de la ciudad en su conjunto y la está llevando a cabo desde esta perspectiva de clase. Nuestro problema es por qué no podemos hacer algo similar desde una perspectiva de clase alternativa. Hay casos. Por ejemplo: se le pueden hacer muchas críticas a Porto Alegre pero allí hubo un intento de mirar la ciudad en su conjunto y decir: A través de la elaboración participativa del presupuesto podemos involucrar a toda la población en las decisiones de la construcción de la ciudad. Es una buena idea. Trae problemas, por supuesto, pero al menos en esa instancia no se tiene un movimiento social en un barrio y otro en otro barrio sino que se dice: Pensemos a la ciudad en su conjunto, veamos cómo funciona y hagámonos cargo de ella. Hay una gran diferencia entre los movimientos sociales en la ciudad y los movimientos sociales acerca de la ciudad. Hay un cambio de perspectiva y de escala. Creo que los que se producen en la ciudad, si se quedan en eso, se vuelven demasiado limitados para ser transformadores en lo político. Lo importante es que empiecen a hablar de cómo debería ser la ciudad en su conjunto. De lo contrario, son sólo movimientos engañosos.

-Usted escribió que el nuevo urbanismo reivindica la comunidad, pero en versiones como la de la Costa Este americana lo hace sólo con proyectos concebidos para dientes pudientes.

-La conformación de un grupo particular de personas y el asociarse en una idea de comunidad para hacer algo distinto es muy positivo. Lo que no me gusta es cuando nos venden como seguro algo llamado “comunidad” en donde la gente no tiene que agruparse para nada. La gente compra un lugar. Esto suele quedarse sólo en el nivel de la localidad, sin intentas establecer contacto con otras personas.

-¿Cómo se imagina una ciudad con plenitud de derechos?

-Trato de no pensar en términos abstractos cómo sería una ciudad que respetara el derecho de protesta. Creo que los derechos de este tipo se conquistan a través de la lucha así que lo que imagino es que la gente empezará a luchar por sus derechos para construir la ciudad de un modo diferente.

David Harvey es geógrafo, sociólogo urbano e historiador social de reputación académica internacional. Entre sus libros traducidos al castellano en los últimos años: Espacios de esperanza (Akal, Madrid, 2000) y El nuevo imperialismo (Akal, Madrid, 2004).


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